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Revista INTERACCION
No. 22
Créditos
| Carta de CEDAL a los Lectores | Indice:
Revista No. 22
Intervisiones
EL BUEN PASTOR ESTÁ
PRESO
Las mujeres detenidas en la cárcel del
Buen Pastor soportan toda clase de violaciones a los derechos humanos
porque el Estado colombiano sólo es fuerte con los débiles.
Por: Julio Ricardo Castaño Rueda
La vida sin la libertad se convierte en un
accesorio inútil de la existencia. La humanidad está en
la obligación moral de evolucionar, en sus sistemas jurídicos,
hasta eliminar los centros de reclusión.
Esa premisa fue discutida con las reclusas
del Buen Pastor, una prisión donde suceden cosas extraordinarias.
Allí, el amor por el amor es superior a cualquier compromiso terrenal.
La muerte y el vicio se venden al mejor postor. No hay puntos medios.
El primer impacto emocional, que recibe el
visitante, son unos brazos que se asoman por entre unos huecos del cuarto
piso para agitar unas cuerdas a las cuales se amarraron bolsas plásticas.
La escena, digna de un campo de concentración, se complementa con
los gritos de las prisioneras que piden limosna para alimentar a sus hijos.
No tienen visita y su único contacto con el mundo exterior son
los espejos para mirar a los chulos. A esas aves de carroña las
llaman libertad.
Una vez se pasan los controles, del siempre
severo Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), no queda
otra alternativa que escuchar a las internas.
María Teresa Ramírez sufre de
un cáncer en fase terminal. Para lograr un mínimo de atención
sus compañeras tuvieron que acudir a la Defensoría del Pueblo
y a un noticiero de televisión. Después del escándalo
se le entregó parte de las medicinas requeridas.
María Fernanda Ramírez ingresó
al patio cinco con una bronquitis severa. Se le obligó a dormir
en el piso por una de las personas de derechos humanos (otra reclusa).
Pasaron muchas quejas para que un supervisor del Inpec le asignara una
plancha (sitio donde dormir).
Marta Patricia Loaiza es una abogada que trabaja
en la oficina de prejuridicas. Ella envió un memorial a la fiscalía
que le lleva el proceso por intermedio del penal. Ocho días después
le devolvieron la petición porque el mensajero no encontró
la dirección. Este hecho le ocasionó graves perjuicios en
su proceso.
Angélica Ramírez cumplió
su condena y su salida se demoró 20 días porque la oficina
de jurídicas de la cárcel no hizo los tramites correspondientes
a tiempo.
El eficiente Inpec levanta a las internas a
las cinco y media de la mañana para que cumplan una cita con los
juzgados a las nueve. Las personas que rinden indagatoria a las dos de
la tarde no salen hasta las tres porque no hay gasolina. Las consecuencias
para el sindicado son nefastas.
Esto sucede con extremada frecuencia. Y como
si fuera poco le colocan esposas a las sindicadas sin importar edad, estado
de salud o su inocencia.
ENFERMEDAD Y VICIO
Las reclusas tienen derecho a una cita médica
por semana (cada patio un día). Esto quiere decir que la persona
sólo tiene derecho a enfermarse en fechas exactas. Las detenidas
que tienen servicios médicos particulares (prepagada o pos) pueden
renunciar al servicio de la institución, pero cuando tiene que
acudir a una cita el Inpec no las lleva. Argumenta falta de vehículos
y de guardianas y no permiten que los familiares envíen los remedios.
La marihuana, la coca y el basuco sí
pueden ingresar al igual que las bebidas alcohólicas. Por ejemplo,
dentro del penal, una botella de aguardiente se compra en 70.000 pesos
y una de whisky, en 120.000 pesos.
HAMBRE Y LUJO
La alimentación en el rancho es condimentada
y contaminada con alcanfor. El agua produce alergias en la piel. La comida
es un lujo que sólo se vende en las casetas del Inpec donde trabajan
las reclusas con penas muy altas según lo establece la Ley 248,
pero tienen que pagar arriendo y el 10 por ciento sobre las ventas. Este
porcentaje se cobra también por los útiles usados en los
talleres.
La alimentación para las reclusas del
patio uno, que viven en condiciones infrahumanas, se les envía
en un solo recipiente como si fueran una piara de cerdos. Esto contrasta
con las presas ubicadas en las áreas de alta seguridad donde hay
neveras, televisores, hornos microondas, alcobas con baño privado
y servicio telefónico permanente. Es decir, un hotel de cinco estrellas.
El servicio a la habitación incluye la visita de astrólogos
famosos y brujos de cualquier pelamen.
La última maravilla es que las habilidades
profesionales de las reclusas se utilizan en beneficio personal. Las guardianas
colocan a las internas a realizar sus tareas para la universidad, de acuerdo
con el oficio de la detenida. El maquillaje, peinado y el arreglo de uñas
es otro renglón explotado por las esclavistas.
La pregunta es cuál de los cuatro estados
(corrupción, narcotráfico, guerrillas y paramilitares),
que conforman la República de Colombia, podrá solucionar
estos y otros atentados inconfesables contra la dignidad humana.
En conclusión, me declaró ciudadano
de aguas internacionales porque siento vergüenza. En la cárcel
del Buen Pastor viven niños, hijos de las reclusas, con hambre
de pan, nacionalidad y de Estado.
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