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Revista INTERACCION
No. 23

Créditos | Indice: Revista No. 23 |

DEL ORIGEN DE ALGUNAS PALABRAS

Por: Luis Fernando García Núñez

Cuando el Instituto Caro y Cuervo entregó, en un acto muy solemne, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana de don Rufino José Cuervo, considerado, sin ninguna duda, la mayor obra gramatical y sintáctica de nuestro idioma, Gabriel García Márquez advertía que ésta era una auténtica "novela" de las palabras. Así, una lectura detenida de este monumento de la filología, nos embarca en el formidable trasegar de verbos, preposiciones y conjunciones que llevan siglos y siglos caminando por miles y miles de páginas de novelas, poemas, cuentos, ensayos, o saliendo presurosas, y a veces sin ningún permiso, de las bocas de quienes hablan este bellísimo idioma que es el español.

Ahora, inquietos por muchos de esos orígenes, por saber los blasones de algunas palabras, su procedencia, sus oficios -a veces complejos y ambiguos-, presentamos una pequeña "biografía" de algunas palabras. Para no ir muy lejos, en primera instancia, trataremos del significado o los significados de palabra que nos trae el Diccionario del español actual, (Manuel Seco, Olimpia Andrés, Gabino Ramos, 1999). Sólo aquí se pueden leer algo más de 26 sentidos. Entre otros tenemos: Conjunto fijo de fonemas que constituye una unidad indivisible dotada de significado y función estables. Cosas que se dicen. Acto de hablar. Mensaje divino contenido en las Escrituras. Cosa dicha como verdad o como promesa. Palabra de rey: afirmación digna de mayor crédito. Última palabra: decisión final. La última palabra: lo último o lo más moderno. Palabras mayores: Cosa de importancia mayor de lo corriente.

El Diccionario de la lengua española, de la Real Academia (1992), además de una buena cantidad de significados, presenta una suma de frases figuradas que enriquecen esta nota. Comerse las palabras. Correr la palabra. Cuatro palabras. Decir uno la última palabra. Dejar a uno con la palabra en la boca. Empeñar uno la palabra. Gastar palabras. Írsele a uno una palabra. Quitarle a uno la palabra de la boca.

Espero que esta nota no resulte un galimatías, es decir, oscura por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas, como dice el Diccionario de la Real Academia. Y es que galimatías, según Alberto Buitrago y J. Agustín Torijan (1998), en su Diccionario del origen de las palabras, tiene tres posibles etimologías: La primera indica que deriva del francés galimatías, idioma en el que habría sido una especie de ironía, o de sarcasmo contra la ciencia, el saber universitario, etc. Allá por el siglo XVI, las continuas disputas filosóficas no merecían, para muchos observadores, más que la denominación "ciencia de gallos", quizá por las peleas que es lo que significaría galimatías, a partir de galli, "gallo", y de la palabra griega matheia, que significa "enseñanza".

Otra etimología podría hallarse en una anécdota surgida en plena celebración de un pleito, manteniendo en latín como era costumbre hace siglos, y que trataba de dilucidar si un tal Mathias era el dueño o no de un gallo. Al parecer, al defensor de Mathias le traicionó el latín, y en lugar de decir gallus Mathiae, es decir, "el gallo de Mathias", habría soltado un galli Mathias, o, lo que es lo mismo, "Matías, el gallo". El equívoco, según parece, se perpetuó en el idioma, algo muy común, como lo podremos ver en otras ocasiones.

La última etimología, la que tiene más visos de verosimilitud, asegura que esta voz, también procedente del francés como en las dos anteriores hipótesis, pudo haberse creado a partir de la deformación de la palabra Barimatía, usada así ya en el siglo XIII por Gonzalo de Berceo en sus Milagros, y que habría sido un error de lectura de la expresión latina Ab Arimathea, es decir, "de Arimatea", en referencia al personaje bíblico José de Arimatea, únicamente presente en el relato evangélico (Mt 27, 57-61; Mc 15, 42-47; Lc 23, 50-56 y Jn, 19, 38-42) para hacerse cargo de algo tan fundamental como era el cadáver de Jesús, lo que le dio un valor realmente excepcional, a lo que hay que añadir la caracterización de la bondad y nobleza del personaje. Esa extraña Arimatea, que, si bien se refería a una ciudad de Judea, no vuelve a aparecer nunca más en toda la Biblia, fue lo que reforzó la idea de "lugar exótico, casi desconocido", cuya lengua, por fuerza, habría de ser confusa e incomprensible, como un galimatías.

La construcción de esta pequeña biografía de las palabras, nos descubrirá, posiblemente, que detrás de cada una de ellas hay toda una historia de "amor", de "chismes" y "casualidades", que enriquecen más esta singular tarea.

 

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