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Revista INTERACCION
No. 25

| Indice: Revista No. 25 |

DIALOGO ENTRE LAS CIVILIZACIONES DESDE LA CULTURA

EL SENTIDO DE UN DIÁLOGO ENTRE LAS CIVILIZACIONES
Por: Gladys Daza Hernández

La decisión de la ONU de declarar el año 2001 como año internacional del diálogo entre las civilizaciones es parte de las estrategias para convencer a la humanidad que sólo mediante el entendimiento entre las naciones es posible construir el progreso.

El nuevo siglo y milenio ha sido recibido con una gran expectativa por la connotación de progreso en ciencia y tecnología que se le ha impreso. Era del conocimiento, de la información, sociedad inteligente, son los atributos con los que se suele denominar esta nueva época.

Es indudable que la globalización ha ampliado las oportunidades de progreso, pero ha acentuado las exigencias de calidad y competitividad. América Latina y el Caribe la están enfrentando con el apoyo de sus logros, pero portando una realidad de pobreza, exclusión social y los mayores niveles de desigualdad en el mundo. El último informe económico (2001) sobre el aumento de la pobreza en el continente es alarmante: 40% de latinoamericanos viven en absoluta pobreza. El caso de Colombia en este contexto, es más dramático por su conflicto armado interno, el volumen de desplazamiento y más del 20% de desempleo.

En lo que respecta a las tecnologías de la información y la comunicación, los analistas se dividen entre los que se asocian a escenarios optimistas donde el mayor acceso a esas tecnologías conducirán a una mayor civilización y progreso, y los que ven en esas nuevas tendencias una reafirmación de la dinámica de inequidad y exclusión social.

Por estas circunstancias, referirse hoy a la globalización de la economía, hace necesaria la referencia a la globalización de la solidaridad, de la colaboración, de la cooperación y del diálogo entre los pueblos. Un diálogo solidario va más allá del intercambio de información y posiciones, supone esfuerzo por la concreción de una ayuda real y complementación mutuas, la reafirmación de un apoyo en las situaciones coyunturales y de crisis. Desafortunadamente, las guerras que se siguen librando en varias latitudes del planeta obedecen, en su gran parte, a la intolerancia, a luchas étnicas ancestrales, a litigios territoriales milenarios, a la incapacidad para el perdón y la aceptación de la igualdad en la diferencia, a la ambición desmedida por el poder para dominar y humillar. A la luz de los nuevos desafíos que la humanidad como totalidad debe enfrentar, estos hechos se tornan arcaicos , como índices de involución, de no civilización, de retroceso.

Los desafíos son enormes: por una parte, se trata de saber cómo aprovechar los beneficios del conocimiento, de la ciencia y la tecnología y sus efectos sobre el desarrollo, y de otra, repensar los grandes temas de la libertad, la democracia, la participación de los ciudadanos, el desarrollo, la civilización. Frente a estos desafíos los teóricos, las comunidades científicas y culturales tratan de aprovechar las oportunidades que brinda la naciente sociedad de la información y proponen nuevas formas de diálogo y nuevas estrategias centradas en el ser humano.

La movilización de la sociedad civil mundial supone una verdadera ruptura en la imagen tradicional del ciberespacio. Las redes telemáticas no representan ya una nueva tecnología, sino un replanteamiento en profundidad de las relaciones entre los ciudadanos del mundo (UNESCO, 1999:281).

Los países en desarrollo requieren de políticas que les permitan reducir las diferencias de conocimientos que los separan de los países ricos. Pero la globalización del comercio está intensificando la competencia y agrava el peligro de que los países y comunidades más pobres retrocedan todavía con más rapidez que en el pasado (Banco Mundial, 1992:2).

De allí deriva la imperiosa necesidad de que ese diálogo entre las naciones se haga bajo un nuevo paradigma, el propuesto por las ciencias de la complejidad, o sea, la visión de interdependencia entre todos los seres humanos y los seres animados e inanimados que pueblan el universo; la necesidad que todos tenemos de todos. La búsqueda de un equilibrio planetario deja por fuera los etnocentrismos y egocentrismos generadores de xenofobias, racismos y asimetrías sociales.

La complejidad es de hecho, la unión entre la unidad y la multiplicidad, como elementos inseparables y diferentes que constituyen un todo. (Morin,2000:31)

Las unidades complejas, como la sociedad, las naciones son multidimensionales. La sociedad comporta dimensiones históricas, económicas, sociológicas, culturales, religiosas, etc, y el diálogo entre esas unidades debe hacerse desde esa concepción de complejidad.

Este mundo complejo humano incluye en su centro nuestro mundo interior de pensamiento abstracto, conceptos, símbolos, representaciones mentales y autoconsciencia. Ser humano es estar dotado de conciencia reflexiva (Capra, 1999:299). La riqueza cultural de las naciones nos hace diferentes en la unidad de la civilización humana.

Fritjof Capra va más allá al referirse a la ecología profunda:

“La ecología profunda no separa a los humanos, ni a ninguna otra cosa, del entorno natural. Ve el mundo, no como una colección de objetos aislados, sino como una red de fenómenos fundamentales interconectados e interdependientes. La ecología profunda reconoce el valor intrínseco de todos los seres vivos y ve a los humanos como una mera hebra de la trama de la vida” (Capra,1999:229).

Esta consideración traslada al planeta tierra en el cosmo , ha conducido a los astronautas que han observado la tierra suspendida en el espacio, a expresar su apreciación como un punto pequeño, frágil y vulnerable en la inmensidad de lo todavía desconocido del universo.

Edgar Morin nos invita a que tomemos por patria, la tierra, y nos dice que asumir la ciudadanía terrestre es asumir nuestra comunidad de destino (Morin,1999:213). Bajo esta perspectiva, la interconexión de las civilizaciones se hace urgente e imperiosa, formando una gran red solidaria para ordenar el planeta, por cuanto la vida de todas los seres está ligada a su vida.

Hoy las migraciones y mestizajes son productores de nuevas sociedades poliétnicas y policulturales que parecen anunciar la patria común para todos los humanos.

Históricamente, la revolución planetaria ha relativizado el valor de las grandes civilizaciones en cada uno de los continentes, haciendo surgir la idea de humanidad, como especie de ser colectivo que aspira a realizarse reuniendo sus fragmentos separados.

John Briggs nos dice que en los mitos antiguos a lo largo de la historia, el caos es el centro de la creación del universo, y que si prestamos atención a la sutileza, nos abrimos a dimensiones creativas que vuelven más profundas y armoniosas nuestras vidas (Briggs, 1999:13).

La teoría del caos nos enseña que siempre somos parte del problema y que las tensiones particulares y las dislocaciones siempre se desarrollan a partir de todo el sistema, nunca de una parte defectuosa. Es la enseñanza para el diálogo entre las naciones, entre las civilizaciones; estamos interrelacionados como un gran sistema y debemos ser sensibles a las afecciones de cualquiera de las partes o dimensiones sociales, económicas, políticas, culturales, ecológicas de un pueblo o nación. La movilización mundial no debe quedar reducida a la solidaria ayuda en las calamidades naturales. Es preciso ir más allá en el tejido colectivo de la civilización humana, siendo conscientes que el subdesarrollo de los desarrollados está cifrado en aspectos en los que los subdesarrollados tienen mucho que enseñar de su riqueza cultural ancestral y proyectada al futuro inmediato.


BIBLIOGRAFÍA:

Banco Mundial,1998. El conocimiento al servicio del desarrollo, Madrid, Ediciones Mupli Prensa.

Briggs, John y otro, 1999. Las siete leyes del caos, Barcelona, Grijalbo.

Capra, Fritjof, 1999. La trama de la vida, Barcelona, Editorial Anagrama.

Morin, Edgar, 1999. Tierra patria. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.
2000. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.
Bogotá, UNESCO, Ministerio de Educación Nacional

UNESCO, 1999. Informe mundial sobre la comunicación. Madrid.

White, Leslie, 1982. La ciencia de la cultura. Barcelona, Ediciones Paidós.

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