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Revista INTERACCION
No. 25

| Indice: Revista No. 25 |

IGUALDAD DE LOS SERES HUMANOS. O EL RESPETO A LA DIFERENCIA


Por: AMANDA BETANCOURT

Cada experiencia de acercamiento a los grupos humanos tiene su magia en cuanto representa un descubrimiento de aquello que aparece velado por el encanto del primer encuentro. Las reflexiones que le dan cuerpo a este escrito son el resultado de un trabajo pastoral de la Parroquia de El Carmen de Viboral con jóvenes bachilleres que prestan el servicio militar como auxiliares de la Policía Nacional.

1. El principio de la igualdad

Los seres humanos somos iguales ante Dios y ante la ley. He ahí una verdad de a puño en virtud de la cual toda teoría ética debe llevarnos a reconocer en el otro a alguien como yo. Vale decir, sujeto de derechos y deberes, como también de valores, deseos y aspiraciones. Sujeto en quien se fundamentan los principios de vida, humanidad, igualdad, moralidad, filantropía, solidaridad y verdad.

La consideración de estos principios éticos debería bastarnos para ver en cada persona al ser por excelencia de la creación y respetarle ese fuero ontológico que le es propio en calidad de tal. Pero ¿qué ocurre en el diario trajinar de la existencia? Vivimos entre seres _y a veces nos contamos entre ellos_ que parecen haber olvidado la dignidad de la cual están investidos. Somos testigos de acciones violatorias que dan al traste con cualquier principio ético: se desconoce el derecho a la vida; se margina a las personas por sus ideas, por su credo religioso, por el sexo, por la raza; se vive en el despilfarro y el consumismo mientras hay seres humanos que carecen hasta de lo esencial para la subsistencia; por doquiera se respira engaño y falsedad; en las transacciones de diferente orden se asalta a las personas en su buena fe; se abusa del desprotegido, del más débil, del marginado; en fin, contemplamos un panorama de miseria y dolor mientras permanecemos indolentes en nuestra cómoda posición desde la cual difícilmente pasamos a una acción efectiva en favor del otro.

La actitud de señalar al malo parece atraernos más que la de hacer algo por la felicidad de los demás. Cuánta razón tiene Fernando Savater al afirmar que el malo es alguien que sufre, alguien carente de afecto, inseguro, desprotegido. Si el mal cunde a nuestro alrededor, ¿por qué no miramos cuál ha de ser la acción para contrarrestarlo?. Tal vez la realidad desgarradora de la época que nos ha tocado vivir en Colombia nos esté pidiendo a gritos el cumplimiento de un deber con el otro: el de hacerlo feliz. "Ponte en su lugar" sería la regla de oro que nos enseña el autor citado para ver en cada uno a ese ser que siente y ama como yo, que sueña, que hace planes y desea verlos realizados, que aspira a una vida digna y feliz, pero le queda muy difícil conseguirlo por las circunstancias que lo agobian. Ver en el otro a alguien que quiere ser libre para aprovechar la única oportunidad que se nos da aquí y ahora a todos los humanos.

2. El hombre y sus valores.

Si definimos el valor como aquello a lo que tiende la voluntad, nos encontramos con un espectro de valores económicos, cívicos, políticos, culturales, sociales, éticos, religiosos y hasta vislumbramos una escala en la que figuran lo agradable y lo desagradable; valores vitales como lo noble, lo común, lo sano y lo malsano, bienestar, prosperidad; expansión vital que abarca: salud y enfermedad, juventud y vejez; valores espirituales del siguiente tenor: estéticos, jurídicos, culturales, estados afectivos como alegría y tristeza, aprobación y desaprobación; valores religiosos: lo divino, lo sagrado, el valor del culto y los sacramentos, sentimientos de felicidad y desesperación, fe e incredulidad, piedad e impiedad.

Como en una polifonía, dejemos que sean los jóvenes participantes en esta experiencia de reflexión y de fe en la vida quienes nos hagan escuchar su propia voz: "Los valores para todas las personas no tienen el mismo orden. Algunas pueden valorar más el dinero y ubicarlo por encima de todos los valores; pero para otros la vida, la salud, la libertad, pueden estar sobre los demás. La jerarquía de los valores es diferente para todas las personas". "Cada persona tiene su escala de valores diferente, ya sea por su forma de pensar, actuar, su profesión o por su misma formación". "La vida está llena de dificultades, y, más aún, en una sociedad donde abunda la envidia contra la virtud. Para encontrarle sentido a la vida hay que luchar durante toda la misma; porque siempre tendremos atravesado en nuestro camino el dinero que corrompe y entorpece la libertad para llegar al amor y la felicidad plena". "Uno siempre debe tener una escala de valores, porque ellos son parte de la vida diaria; como cuando uno nace en familia que hace parte de ella, así los valores son parte de nosotros mismos". "Para mí los valores son una parte esencial de la vida y para saber valorar las cosas bellas que nos rodean, como son nuestra vida, la familia y muchas otras cosas más". "Los valores no son cosas que uno tiene, sino algo que vamos aprendiendo en el transcurso de nuestra vida. Nosotros aprendemos a apreciar un valor más que todo por lo que vivimos a diario". "Me he concientizado sobre la importancia de los diferentes valores en nuestras vidas. Son factor primordial en el transcurrir de nuestros días, ya que son los que nos permiten aceptarnos tal como somos. Nos permiten aceptar que somos iguales ante Dios y ante la ley. Nos brindan respeto, paz y armonía". "Cada uno le da un valor a las cosas. La belleza está en los ojos de quien la mira, pero el valor en sí es lo que queremos o admiramos. Debemos considerar que nuestros valores son para practicarlos, para poderlos mostrar y para poder enseñar cómo somos en realidad ". "Por valor entiendo lo que la persona se estime en aprender las buenas costumbres y sobre todo una buena educación. Lo pondré en práctica aprovechando las oportunidades que me ofrece la vida para ayudar a las personas y que la comunidad se vea bien organizada, como símbolo de paz y educación". "Siempre debes decir: yo sí puedo. Nunca digas: aquí me quedo. Porque al seguir tendrás amigos, tendrás amores y serás libre. Los valores debes cumplirlos. El amor, el respeto, la vida, son valores muy significativos que podemos controlar y tener en cuenta. Sin ellos estarías desnudo. Siempre llevas un granito de paz donde quiera que vayas si crees en Dios y en tu familia".

Con razón se habla de los valores como "una ventaja competitiva". En efecto, Hoy más que nunca puede plantearse la formación en valores como una estrategia para reconstruir el tejido social tan desbarajustado en nuestro país por los ídolos que se han entronizado, a saber: el dinero, el poder y el placer. Y todo ello a expensas del ser, el servicio y la solidaridad. La corrupción carcome las instituciones, empezando por el templo de nuestra democracia que es el Congreso. Ni los tan llevados y traídos eufemismos del "enriquecimiento ilícito" y de los "ladrones de cuello blanco" logran mitigar el efecto nefasto de tan deplorables acciones sobre las generaciones que empiezan a formarse en nuestras instituciones educativas.

¿Cómo y por dónde empezar? Lo dice Jorge Yarce en estos términos: "El cambio y la transformación de la conducta, a nivel individual, organizacional o social se basa no en cambio de tecnologías o de procesos sino en la modificación de actitudes y hábitos personales. A veces nos extrañamos de que el clima social, las empresas o instituciones, o el mismo sistema social no mejoren. Es que la raíz del problema no está en ellos. No es un problema de cambio de estructuras. Es, ante todo, un cambio personal. Si se da el cambio en la persona, (...) lo habrá en la familia, en la empresa y en la sociedad" .

3. ¿Qué es el hombre?

Y he ahí el milagro del desvelamiento provocado en una situación normal de aprendizaje. Se trata del tema del hombre. ¿Qué es el hombre? Acude a nuestra mente la concepción filosófico antropológica para explicar ese complejo en el que cabe distinguir como elementos: la razón, la voluntad, los sentimientos y los instintos. ¿En qué medida interactúan unos y otros para formar ese ser maravilloso de la creación? Y desfilan por la historia los representantes de la filosofía clásica: Sócrates, Platón y Aristóteles, pilares sobre los que Occidente ha fundado su racionalismo, vale decir, la concepción del hombre como animal racional. Pero avanzan las concepciones fundadas sobre la voluntad: al hombre como sustancia pensante se le asocia aquella que lo concibe como expresión de la voluntad de vivir. Y avanza el ideal del superhombre de Nietzsche. ¿Y qué de los sentimientos? Surge el romanticismo, para el cual se establece la supremacía del sentimiento sobre la razón. "Existir es sentir" nos dirá Rousseau. Desfilan ahora el naturalismo, el biologismo y el psicoanálisis en su afán por destacar el papel de los instintos, el impulso sexual como determinante de la conducta, y, en general, la teoría de Freud.

Frente a este panorama, la antropología plantea el problema de cómo se integran esos elementos en una unidad llamada persona humana, qué relaciones se establecen entre ellos y cuál es la estructura que forman. Desde esta perspectiva, y a la luz del humanismo cristiano, se enriquece la reflexión en el sentido de aprovechar las posibilidades que nos ofrece la escuela, la familia, la comunidad cristiana, la sociedad en general, siempre y cuando sus orientaciones conduzcan al crecimiento armónico del individuo en todas sus dimensiones, libre de cualquier deformación caricaturesca proveniente de visiones sesgadas o de actitudes manipuladas por intereses ajenos al desarrollo integral humano.

Avanzamos en esta reflexión hacia un humanismo realista, para el cual el hombre es el protagonista de la historia. En tal sentido, la historia no es otra cosa que la actividad del hombre en lucha permanente por alcanzar sus máximas aspiraciones. El ser humano produce, transforma y crea. Mediante su trabajo transforma la realidad exterior, se plasma en ella y, a la vez, crea un mundo a su medida. El primer supuesto de toda existencia humana y de la historia consiste en que los hombres deben estar en condiciones de vivir para poder hacer historia. Pero para vivir es necesario satisfacer las necesidades básicas: comida, vivienda, vestido, educación, sano esparcimiento. Así, el primer hecho histórico es la producción de los medios para la satisfacción de estas necesidades, es decir, la producción de la misma vida material .

Además de un ser activo y productor, el hombre es un ser social, condición que lo convierte en miembro de una colectividad.

Según la teoría de la evolución, el hombre pasó de un estado primario a uno más avanzado a medida que lograba su posición erecta; así mismo, sentía la necesidad de comunicar algo mediante el uso del lenguaje. "La necesidad creó el órgano", se ha dicho y el hombre ha ido perfeccionando los medios de trabajo.

4. El hombre y sus aspiraciones

"Todos los humanos estamos hechos de la sustancia con la que se trenzan los sueños". El pensamiento de Shakespeare resulta muy a propósito para encabezar este último apartado en el que quisiéramos condensar nuestra visión de lo humano, lo verdaderamente humano. La grandeza del hombre se fundamenta en su permanente deseo de aspirar hacia algo mejor. Deseo insaciable como manifestación de su necesidad de trascendencia. Pese a las determinaciones de diverso orden, que pesan sobre los pueblos, nuestra capacidad de actuación puede elevarse hacia otras esferas en procura del cambio social.

El ser humano es agente de cambio, gracias al dinamismo de la mente y del espíritu. Con razón advierte el filósofo Baruc Spinoza : "Uno no es libre sino cuando es consciente de sus determinaciones". He ahí por qué se insiste en la necesidad de dispòner el espíritu para el logro del bien común. Sólo una mente abierta, ccapaz del milagro denominado expansión de la conciencia, puede adaptarse a la velocidad de los cambios tecnológicos de nuestra era y servirse de ellos como instrumentos de progreso. Sólo una mente tal puede ayudar a otros en un nuevo esfuerzo que supone una nueva educación para un hombre nuevo.

¿Cuáles serían algunos principios orientadores de esta nueva educación? Ernesto Sábato concibe la escuela como un microcosmos en que el niño aprenda lo que es una auténtica comunidad. De ahí la necesidad de un sano equilibrio entre el individualismo y el trabajo comunitario. En nombre del primero, se izan banderas y se escuchan voces de quienes pretenden instaurar un orden en el que el egoísmo está por encima de cualquier valor. La habilidad para el trabajo en equipo, por otra parte, requiere disponibilidad, apertura, interés por el otro, confianza en sus realizaciones.

La escuela, en efecto, debe ofrecerle un espacio para el descubrimiento de sí mismo, del otro, y, por ende, del mundo circundante, "pues el hombre que se pretende rescatar en esta deshumanización que en nuestro tiempo ha provocado la ciencia generalizadora, es el hombre concreto, el de carne y hueso, que no vive en un universo matemático sino en un rincón del mundo con sus atributos, su cielo, sus vientos, sus canciones, sus costrumbres; el rincón en que ha nacido, amado y sufrido, en que se han amasado sus ilusiones y destinos"

Esta es la escuela nueva que se necesita hoy para convertir en realidad el compromiso del ser humano con el universo. Quizás no estemos demasiado lejos de este sueño si encontramos personas dispuestas a adoptar como propia la empresa de entender y aceptar al otro con sus virtudes y debilidades, con sus cualidades y defectos, en una palabra, a acogerlo como a alguien que merece ser tenido en cuenta.

AMANDA BETANCOURT ARANGO Miembro de Cedal



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