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Revista INTERACCION
No. 28

| Indice: Revista No. 28|

LA ÉTICA Y LA FASCINACIÓN DEL MAL EN LA
INFORMACIÓN Y LA FICCIÓN



Por: Gladys Daza Hernández

La especie humana requiere la intercomunicación entre sociedades y su asociación orgánica en la escala planetaria.

Varios investigadores y entre ellos, Edgar Morin han tomado conciencia de la comunidad de destino terrestre, de la solidaridad con este planeta, del compromiso de ordenarlo o morir.

Asumir la ciudadanía terrestre es asumir nuestra comunidad de destino (Morin,1999:213).

La supervivencia de la comunidad humana no es posible sin una actitud ética, nos dice Hans Küng (Küng, 1990:58). Dentro de un respeto mutuo se debe caminar hacia una ética planetaria. Ante problemas de tanta complejidad, toda ética se ve constantemente comprometida con enormes situaciones de conflicto y colisiones de deberes tanto en el ámbito individual como social.

Las interacciones entre individuos producen la sociedad y ésta tiene efecto retroactivo sobre los individuos por la cultura. Son la cultura y la sociedad las que permiten la realización de los individuos y, a su vez, son las interacciones entre los individuos las que permiten la perpetuación de la cultura y la autoorganización de la sociedad (Morin, 2000:40). Así, en una concepción desde la complejidad, la sociedad como un todo está presente en cada individuo, en su lenguaje, su saber, sus deberes y sus normas.

Después del atentado del 11 de septiembre del 2001 a los emblemas económicos y políticos de Estados Unidos, el horror, el repudio, la incertidumbre, el miedo han invadido al planeta. Aumentan las voces de protesta contra una escala de violencia sin fin, mediante bombardeos y armas convencionales para atacar un terrorismo sin rostro definido, que reclama justicia y no venganza, inteligencia , prudencia, diplomacia y tolerancia y no destrucción y muerte.

Analistas de todas las tendencias coinciden en lo fundamental: un cambio en la política exterior de Estados Unidos hace posible un mundo sin guerras.

Se abre un nuevo reto a la función social de la información sobre los conflictos y la guerra. La autodiscreción de las cadenas televisivas norteamericanas no permitió la presentación de mutilados, sangre y muertos de la tragedia reciente de Nueva York.

Los esfuerzos y privaciones de los reporteros de los bombardeos a Afganistán han estado marcados por la dificultad para mostrar imágenes y por el acceso a fuentes de información fiables.

Es importante que en estos procesos primen los principios éticos por encima de cualquier otra tentación de espectacularidad. El reportero de guerra en cada caso concreto discierne cuando es necesario o no exponer su vida en aras del derecho a la información veraz del público.

Una población civil afgana pobre, hambrienta, desesperada, no puede ser el blanco de las víctimas de estos ataques furiosos, producto de la sed de venganza de un pueblo norteamericano atacado en su propio territorio, como algo excepcional en doscientos años. Este acontecimiento ha propiciado la búsqueda de un frente común de países aliados y ha inspirado cursos y talleres referentes a la "cobertura de la guerra contra el terrorismo" dirigido a los reporteros y periodistas de conflictos, y en los cuales el aspecto ético ocupa un lugar preponderante.

LA FASCINACIÓN DEL MAL EN LA INFORMACIÓN

En este siglo XXI que estamos iniciando se insiste en nuestra sociedad de la información y del conocimiento, en el carácter predominante de estas dos dimensiones en la configuración de los individuos y de la especie humana. Es un fenómeno provocado por las transformaciones tecnológicas, el nuevo paradigma de su convergencia y las redes como soporte de la sociedad de la información.

Todo ello representa grandes retos para el ejercicio profesional informativo, no tanto desde la ética profesional tradicional, sino desde la ética planetaria. Cada vez está más extendida la percepción de que existe una interdependencia entre todos los seres, de que hay un origen y un destino comunes.

La ética que preside la preocupación común de la humanidad es la ética de la solidaridad, de la responsabilidad, del diálogo, de la paz, o sea, una ética holística, según la cual, las diferencias revelan la complejidad y la riqueza de la única humanidad (Boff, 2001:85). En ella el mal continúa incesantemente por diversas razones que se completan y se potencian continuamente. Muchas de esas razones residen en la historia de nuestras culturas, en circunstancias internas y externas y en nosotros mismos los seres humanos. Cuando nos referimos a la fascinación del mal, estamos significando algo así como seducción, encantamiento, hechizo, emoción (Concilium,Häring, 1998:11). Pensar en la violencia suscita inevitablemente emoción. Por ello, para los periodistas, informar sobre la guerra es más emocionante que informar sobre los procesos de paz.

La fascinación del mal es plenamente un tema de política social y cultural, un tema de vida pública, de información mediática y de vida religiosa. Muchos investigadores se preguntan si es posible que exista una sociedad sin violencia, si la sociedad es capaz de sustraerse al atractivo de la violencia, sí los seres humanos han heredado la agresividad de los animales o, si por el contrario, han heredado una inclinación natural hacia la cooperación (Concilium, Baum, 1998:30).

En la superación del mal y en el empeño por desenmascarar su fascinación, los modelos presentados por las religiones desempeñan un papel importante. Pero independientemente de los tratados teológicos escritos sobre el bien y el mal en el curso de la historia de la humanidad, lo que aquí nos ocupa es cómo se informa y cómo se representa el mal en los medios de comunicación masivos. El gran mal de la humanidad está hoy representado en el terrorismo bajo todas sus modalidades.

La revolución electrónica e informática también ha afectado la naturaleza de la guerra tanto como la naturaleza de los medios de información. Las páginas Web y el correo electrónico son empleados para contrarrestar la prensa oficial o la información del establecimiento.

El monopolio de los medios audiovisuales sobre la prensa escrita estimula el consumo irreflexivo y evita el análisis crítico de la información sobre guerra y violencia. Estas, a su vez, son noticia cuando afectan a los países centrales en forma directa o indirecta; lo demás es irrelevante para el sistema internacional de comunicación (Concilium, Parker, 2001:28).

La guerra electrónica posibilita encubrir la guerra y la mente, como ocurrió en la guerra del golfo. Algo similar está ocurriendo a partir de los sucesos del ataque a Estados Unidos y su respuesta de bombardeo a Afganistán.

Los medios de información, por su inserción en la economía global, promueven un conjunto de formatos y contenidos que estimulan las comunicaciones consumistas y el sensacionalismo. Todo ello ha contribuido a conformar una opinión pública más favorable a una resolución militar, más que diplomática de los conflictos.

La visión y el filtro del periodista ya lleva en sí una forma de incidir en el imaginario social de los ciudadanos para interpretar el bien y el mal del mundo que les rodea.

Se han escrito muchos tratados referidos a la información sobre la violencia, las guerras y los conflictos, y en todos ellos se insiste en el compromiso del periodista con la paz y la convivencia social. El enfoque y tratamiento de una información puede exasperar a las partes en conflicto y contribuir a su distanciamiento y crueldad, así como a lo contrario: al reconocimiento de su irracionalidad y a la necesidad de negociar sin llegar a un costo social muy alto en vidas humanas sacrificadas.

Los reporteros de guerra de gran trayectoria, como el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, quien ha vivido las entrañas de 27 revoluciones y la caída de dos imperios, nos dice:

"La guerra no puede cubrirse objetivamente porque es hecha por los hombres y ellos son sus responsables... la guerra no es algo abstracto; para mi es un horror y yo no puedo pasar como objetivo ante el horror... La guerra es una tragedia humana en la que nunca gana alguien. Todos pierden" (Kapuscinski, 2001:37).

Este reportero aconseja a los periodistas dominar el tema del conflicto y tener el mayor contexto del problema para no ser dominados por él. De hecho, es la actitud tomada ante este tipo de información, la que establece la diferencia de las subjetividades.

En una ética planetaria hay que tomar partido por la sobrevivencia y el bienestar social de la humanidad en su conjunto.

La presentación de víctimas o cadáveres como trofeos en cualquiera de los bandos, lesiona la sensibilidad del público y viola el derecho a la propia imagen de los sacrificados. Es una degradación informativa que convierte en espectáculo lo que debe ser motivo de luto, reflexión y dolor, como manifestaciones de la celebración del duelo colectivo.

Los medios informativos son cuestionados frecuentemente por la tendencia al sensacionalismo que produce la fascinación del mal.

Como empresas informativas, los medios masivos son instituciones mediadoras que comparten la responsabilidad y ética social con los periodistas, redactores, fotógrafos y en general con todo el equipo humano que le da forma al acontecer cotidiano de interés general.

Escenas de sangre, mutilaciones y desastres humanos deben ser presentadas, cuando sea necesario, con respeto, mesura y en planos visuales muy generales que no signifiquen un acercamiento de la cámara morboso y repulsivo.

Algunos medios informativos en Colombia han llegado a firmar acuerdos discrecionales en el cubrimiento de la información sobre la violencia y el conflicto armado. Se han tenido algunos resultados favorables, pero se ha constatado lo difícil que resulta para algunos medios, ceñirse a estas normas, por la tentación de la información – espectáculo.

Existe un consenso sobre la autorregulación de los medios de información en el cubrimiento de la violencia y la guerra, como acción más efectiva que la censura y las normas prohibitivas. En efecto, el compromiso ético de esta mediación debe estar referido a la convivencia social y a la construcción de la paz.

LA REPRESENTACIÓN DEL MAL EN LA FICCIÓN

La ficción en la literatura, en los dramatizados radiales o televisivos, el teatro o el cine se inspira en la realidad, por lo general, aun las películas de ciencia ficción.

Si bien es cierto que la realidad supera la ficción en muchos aspectos que son representados, también lo es el hecho de que el mal cuando es dramatizado suele exagerarse de manera apologética.

Las telenovelas y dramatizados televisivos, las series de acción suelen dedicarle al mal y sus fechorías casi todos los capítulos o secuencias y sólo al final los malvados reciben su castigo, demostrando así el medio su carácter eminentemente conservador y respetuoso del orden y las normas establecidas.

Una sociedad hastiada de los atropellos del mal en todas sus formas cotidianas requiere de un entretenimiento que le muestre modelos de superación y grandeza humana, sin que ello signifique la representación de una sociedad ideal libre de conflictos, pero que estimule el ánimo de búsqueda de sentido a la vida individual y colectiva.

Deben operarse cambios sustanciales en la ficción a la luz de una ética planetaria.

A veces se cree ingenuamente que la ficción es de libre inspiración y no está sujeta a ninguna ética. Cuando así se piensa, se ignora el carácter público – educativo que adquiere la ficción al pretender socializarse por cualquier medio, y el papel que juega en la formación de los imaginarios colectivos de la ciudadanía. Cuánto puede educarse con imágenes y parlamentos de alto nivel, que huyan de la mediocridad y la trivialidad.

Lo más delicado en este aspecto es la confusión que se crea en el público cuando aconteceres de la vida real son posteriormente dramatizados, no pudiendo distinguir si en realidad aconteció, o lo vivió sólo en la ficción.

Hace poco en Estados Unidos se dramatizó uno de los casos de crímenes cometidos por adolescentes en una escuela. Antes se había hecho un despliegue de esa tragedia, así como programas de análisis y de opinión. Fueron tres versiones del mismo acontecer.

Algunas personas que siguieron este hecho a través de los medios informativos, al final no sabían distinguir qué era realidad y qué era ficción.

Es un caso en el que la información - espectáculo del mal se impone sobre el derecho a la información veraz y responsable del público.

La realidad superó a la ficción de Hollywood en los ataques a las torres gemelas de Nueva York. Esas imágenes terribles quedarán grabadas en la mente de todo el mundo.

Dentro de los imperativos mínimos de una ética mundial figura la ética del cuidado como relación de preocupación por proteger la vida y por garantizar los derechos de los seres humanos y de todas las criaturas, la convivencia en solidaridad y comprensión.

El mal en los medios informativos se identifica, casi siempre, con la violencia, el crimen, el terrorismo, la drogadicción, el tráfico de seres humanos, la sexualidad exagerada y los desastres naturales. El mal procede de la angustia por una vida absurda y de la fetichización de cosas y personas.

El sensacionalismo exagerado en la información va dirigido a las pasiones, a despertar en el público los apetitos inframorales, a la curiosidad morbosa para facilitar sensaciones nuevas.

"Todo sensacionalismo que excite las pasiones o provoque la curiosidad morbosa es inmoral y, por tanto, opuesto a la deontología periodística" (Brajnovic, 1978:147).

El periodista debe tener siempre presente el bien común, por el carácter social de la profesión. Debe saber, con la fidelidad responsable, cómo informar.

El derecho a la información del público debe guardar coherencia con la libertad de expresión responsable del informador.

El mal, en cualquiera de sus tratamientos : informativo, ficción u opinión ha de tener como eje orientador los postulados de una ética planetaria.

Libertad y responsabilidad constituyen un binomio indisoluble en la organización social y, por ende, en el desempeño profesional informativo.

La libertad responsable de un ser humano es la garantía del ejercicio de la libertad del otro.

Para el periodista sensible al sufrimiento ajeno y dispuesto a remediarlo, desaparece la fascinación del mal en la información y en la ficción.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • Boff, Leonardo. (2001) Ética planetaria desde el gran sur. Madrid, Editorial Trotta.

  • Brajnovic, Luka. (1978) Deontología periodística. Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra.

  • Concilium. (1998) Revista Internacional de teología #274 febrero.

Estella, Editorial Verbo Divino.

(2001) # 290 - abril.

  • Desantes, José María. (1976) La Función de informar. Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra.

  • Küng, Hans. (1992) Proyecto de una ética mundial. Madrid, Editorial Trotta.

  • Morin, Edgar. (1999) Tierra patria. Buenos Aires, Ediciones Nueva
  • visión.

  • Los Siete Saberes necesarios para la educación del futuro. Bogotá, UNESCO.

  • Revista Mexicana de Comunicación (2001) #69, junio – julio, México D.F.

  • UNESCO. (1999) Informe mundial sobre la comunicación. Madrid, Huertas Industrias gráficas.


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