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Revista INTERACCION
No. 28

| Indice: Revista No. 28|

SOCIALIZAR A TRAVÉS DEL AMOR



Por: Nora Corredor
M.D. Pediatra

Hoy más que nunca, el ambiente de guerra, violencia e intolerancia que vive el mundo y particularmente nuestro país, nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad de favorecer los procesos de socialización de nuestras niñas y niños desde etapas muy tempranas de la vida, basados en la reciprocidad en el afecto, en la confianza y la tolerancia, garantes de relaciones más equitativas entre hombres y mujeres. Esto es lo que se llama educar en la paz.

Una de las necesidades más importantes del ser humano es la de sentir que hace parte de un grupo, de una familia, de una sociedad. La manera como los adultos podemos favorecer los procesos de socialización de la infancia debe tener como eje fundamental el vínculo afectivo a fin de que sea éste el que guíe las normas y pautas de crianza.

Actualmente se habla de la crianza con sintonía, que significa que madres y padres den a entender a sus hijos e hijas que sus mensajes son recibidos, comprendidos y respondidos con afecto. De este modo los pequeñitos van adquiriendo la certeza que sus emociones son percibidas y respondidas con reciprocidad.

Podríamos decir que dicha reciprocidad comienza aún desde antes de nacer cuando madres y padres envían mensajes sonoros, visuales y táctiles a sus bebés en el vientre materno, provocando en ellos reacciones de bienestar dadas por movimientos, chupeteo de los dedos y aún sonrisas.

El vínculo afectivo que así se crea debería, idealmente, tener una continuidad temporoespacial y ser reforzado a través de cada etapa de la vida. De allí la conveniencia de favorecer el parto en familia, es decir, el parto en compañía del padre o de una persona afectivamente significativa para la madre y, algo muy importante, la colocación inmediata del recién nacido sobre el vientre de la mamá, aun sin ligar el cordón umbilical, favoreciendo así el contacto piel a piel, la transición y adaptación armoniosa de la vida fetal a la extrauterina y el reencuentro alegre y amoroso entre el nuevo ser y su familia después de tantos meses de espera e ilusiones. Este es un momento único e irrepetible en la vida del ser humano y además un derecho que no deberíamos negarle ni arrebatarle a madres, padres e hijos.

La especie humana es una especie llamada de "contacto continuo" porque las crías no pueden valerse por si mismas, como sí lo hacen los animales, y requieren durante los primeros meses de vida del contacto estrecho con sus progenitoras para poder sobrevivir y desarrollarse.

Por eso, todo lo que hagamos por favorecer el contacto íntimo madre-hijo en el momento de nacer así como el inicio temprano de la lactancia materna, ayudará a estrechar el apego, a favorecer la estimulación sensorial y el aprendizaje por contacto continuo, que como lo han enfatizado algunos autores, es el que se logra en los periodos de contemplación y audición atenta.

¿Y qué mejor momento de contemplación puede haber, que ése durante el cual el niño o la niña mientras se amamantan del seno materno, intercambian miradas, caricias, sonrisas y en general se da una completa estimulación sensorial, de modo que se puede hablar de un verdadero diálogo de los sentidos? Recordemos que es a través de la emoción como se accede a la vida psíquica y que la función más importante de las emociones en la primera infancia, aunque por lo demás en cualquier etapa de la vida, es la de lograr la comunicación con el otro. Iinicialmente por medio de reacciones orgánicas íntimas en una relación simbiótica con la madre y posteriormente y en forma progresiva con el padre y otros miembros de la familia, en la medida en que estos dan respuestas positivas a las manifestaciones infantiles. Así es como los niños y niñas van estableciendo sus figuras subsidiarias de apego.

Algunos importantes psicólogos que dedicaron sus vidas al estudio del comportamiento humano como J.M. Baldwin, Henri Wallon y L.S. Vigotski defendieron la tesis de la complementaridad entre lo biológico y lo social desde el nacimiento. Para ellos la socialización es una condición imprescindible para la vida de los bebés y por tanto, el diálogo y la interacción que los pequeños establezcan con las demás personas de su entorno desempeñan un papel esencial en su desarrollo.

En conclusión, pienso que las pautas de crianza deben ser dadas partiendo del reconocimiento amoroso de las diversas necesidades que experimentan niñas y niños, guiadas por el respeto y aceptación de las diferencias de unos y otros y encaminadas a hacerles comprender que están comunicados con el mundo que los rodea, que hacen parte de el y que son importantes y valiosos para la sociedad.

De esta manera estaremos educando en la civilidad y en la paz que Colombia necesita para ser viable.


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