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INTERACCIÓN No. 29

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Revista INTERACCION No. 29

ECONOMÍA Y CONVIVENCIA SOCIAL

::: ECONOMÍA Y CONVIVENCIA SOCIAL :::

La Crisis Financiera Argentina: Lectura política, histórica y psicológica

Dr. Ángel Rodríguez Kauth (*)

1- A MODO DE INTRODUCCION:

Es necesario advertir al lector que escribir sobre la marcha de los acontecimientos políticos, económicos y sociales no es tarea sencilla. Puede aparecerlo ya que se tienen las imágenes frescas de lo que está sucediendo, pero falta la distancia óptima que permita evaluar serena y maduramente lo que ocurre o ha ocurrido recién. Sin embargo, es preciso afrontar los riesgos de caer en las trampas de la subjetividad si se desea transmitir la realidad -tal como es interpretada por quien la escribe- en momentos en que Argentina está protagonizando hechos históricos que la han de marcar de modo radicalmente diferente al acostumbrado. El pueblo, mi pueblo, está aprendiendo a decirle BASTA a la corrupción de los políticos, los jueces, los gremialistas, los banqueros y todos aquellos que se han enriquecido ilegítimamente en el último cuarto de siglo.

En estos momentos se ha llegado a una situación paradójica: se reclama que "se vayan todos". Esto incluye a los dirigentes políticos de partidocracias obsoletas; a los economistas que con sus recetas crípticas han sido cómplices del saqueo del país; a los jueces y magistrados que se aliaron a tal complicidad, comenzando por los del más alto organismo jurídico: la Suprema Corte y los sindicalistas que se enriquecieron traicionando las demandas de sus representados. Obvio es que no faltan los analistas comprometidos con el establishment que señalan que esto llevará a la anarquía, ya que para poder gobernar o dirigir hace falta "experiencia". De más está decir que el argumento es históricamente un disparate. Todas la revoluciones sociales han implicado un paso breve por la anarquía y el desorden, hasta que los "nuevos" aprendan a hacer sus trabajos sin las artimañas que nos han hundido en la oquedad de un pozo que no encuentra su límite final.

Lo que no se puede reconocer todavía es que se está escribiendo una nueva historia y su redacción se hace en las calles, en los barrios, con asambleas de vecinos -de diferentes extracciones sociales y económicas- que no permiten la asistencia de políticos ni de banderas que los representen. Es muy probable que de ahí surjan los nuevos dirigentes; esperemos que sea para mejor.

 

2-LA SOBERBIA DE LA OMNIPOTENCIA:

Ya en otra oportunidad (Rodriguez Kauth, 1998) señalé que el tema de las finanzas no es precisamente uno de los acápites de la economía que mayormente interesen a la Psicología en general y a la Psicología Política en particular. Sin embargo, el decurso de los hechos políticos y sociales en la Argentina me han hecho variar de opinión y creo que es hora de entrar a tratar el tema en cuestión para poder entender de alguna manera el "malestar" (Freud, 1930; Bleichmar, 1997) que se manifiesta con diversos síntomas patológicos -orgánicos, psicológicos e, incluso, sociales- en las grandes masas poblacionales del país.

Sin dudas que con la metodología de los "cacerolazos" y las manifestaciones populares callejeras que se pusieron de moda como forma de protesta a partir de la segunda quincena de diciembre de 2001, el pueblo creyó poder terminar con la aplicación a pie juntillas del modelo capitalista perverso que desde la última dictadura militar (1976-83) ha venido imponiéndose en el país bajo el mandamiento de los ocupantes pretorianos nativos, pero que había sido pergeñado desde las metrópolis imperiales. Ahora estamos todos contentos, ¡al fin hemos sido los protagonistas autónomos e independientes de nuestra historia!. Haciendo un parangón analógico con lo que sostenía Riesman (1950) sobre los individuos dirigidos desde "adentro" y los que lo son desde "afuera", pareciera que hemos elegido nuestro destino desde adentro mismo de nuestras entrañas.

Pero ... pareciera que siempre surge una conjunción adversativa que pone palos en la rueda para no dejar que todo tenga un final feliz, como en las películas románticas. Esa conjunción adversativa la encontramos en que con las medidas de política económica puestas en marcha por el nuevo gobierno de Duhalde (1), ya han empezado a surgir críticas duras y hasta conductas perversamente engañosas. ¿Acaso no estábamos hasta no hacía más que un mes atrás la mayor parte del pueblo llano convencidos de que la deuda pública era no solamente inmoral (Castro, 1985), sino que también era impagable?; ¿no es que atribuíamos todos nuestro males a la odiosa deuda externa cuyos reembolsos periódicos esquilman nuestros recursos y no nos permiten un crecimiento y desarrollo social y económico sostenido?; ¿no era que pedíamos -a gritos- una devaluación para lograr recuperar la economía nacional teniendo una moneda que fuese competitiva en el mercado internacional para que facilitase las exportaciones?; ¿no queríamos ser un país soberano que terminara con la dictadura de la "patria financiera" que se instaló desde el Proceso de Reorganización Nacional que tanta sangre dejó en las calles, gracias al operar de los genocidas militares?.

Pues bien, la propuesta de política económica hecha originariamente por el efímero Presidente -una semana- Adolfo Rodriguez Saá y retomada parcialmente por Duhalde pareciera que ha venido a satisfacer aquellas demandas. Públicamente -en su primer discurso- reconoció que el país está quebrado, que está fundido y que la cesación de pagos no es producto de la retórica verbal, sino que es una realidad a la que debemos enfrentar. El país ha dejado de ser confiable, tanto para los prestamistas internacionales como para los locales, no existe el crédito; en los últimos meses apareció un síndrome desconocido -el del "riesgo país"- que día a día crecía como un tumor maligno que consumía nuestras células y órganos. Claramente lo dijo el Presidente (2) en su mensaje de asunción ante la Asamblea Legislativa que lo designó para completar el mandato restante del gobierno abandonado por la Alianza. Gobierno que huyó en medio del caos y la batahola popular de los "cacerolazos". En aquel discurso Duhalde señaló que no se pagaría la enorme deuda externa que estrangula, no solo a las arcas fiscales, sino también a los bolsillos de cada habitante que son los que llenan esas arcas con su sacrificio y que ha llegado a arrastrar a la miseria a grandes sectores poblacionales que se han visto asediados por el fantasma de la desocupación.

Sin embargo, a poco de asumir han surgido voces de protesta contra su programa; no a causa que el mismo disguste intrínsecamente en sí, sino porque afecta los intereses de los pequeños ahorristas que han visto -con alarma- como sus depósitos a plazos fijos en dólares norteamericanos eran prácticamente confiscados por, al menos, un año. Es decir, las consignas que se gritaron entre el batir de cacerolas parece que no eran tan verdaderas, que poco nos importa ser una nación independiente de los poderes transnacionales de la globalización. Es como para sospechar que la volteada de un gobierno fue producto de las medidas económicas impuestas por De la Rúa, más que por sinceros deseos de recuperar la soberanía nacional, la cual hace varios años que fue entregada al mejor postor.

El protagonista que produjo la huida del gobierno de De la Rúa fue la clase media -la pequeña burguesía nacional- la cual se convocó en las calles de los barrios para marchar hacia la histórica Plaza de Mayo a pedir la renuncia del gobierno. Fue duramente apaleada por la represión; muchos creímos ver un acto revolucionario en el que se deja la vida por una causa altruista. Estuvimos equivocados, lo que les interesaba era salir del "corralito" financiero que le habían impuesto. Esto se hizo patente cuando por los medios de comunicación nos enteramos que individualmente se habían hecho presentaciones ante la justicia para reclamar por sus derechos ... pero nadie de los que ahí estuvieron se presentó -ni individual ni colectivamente- para reclamar por el derecho a la salud de los enfermos que están desprotegidos de ella, ni por el derecho a la alimentación digna de los millones de habitantes que sufren crómicamente de hambre y mala alimentación, como así tampoco por la protección de los derechos humanos de segunda generación que fueron avasallados por un gobierno que llegó a gobernar de la mano de prometer la vigencia de todos los Derechos Humanos.

Es que la cultura de la solidaridad social de nuestra clase media no existe, cada uno se rasca para sí y no le interesa ni se preocupa por rascar a otro que le pica y no tiene manos con que rascarse. Es triste decirlo así, pero no es más que la cruel realidad que atraviesa el imaginario social de la pequeña burguesía argentina. Curiosamente, sus deseos de ser satisfechos en sus demandas -legítimas, por cierto- los han hecho caer en la trampa de utilizar los mismos argumentos que emplean los agentes de las empresas multinacionales, en especial las españolas (3), para desprestigiar la política económica trazada por Duhalde y que apunta a satisfacer las necesidades que la inmensa mayoría de la población dijo que tenía. Más, como se verá al finalizar este texto, no somos creíbles, no solamente para los acreedores externos que ya no nos fían ni el saludo, sino tampoco lo somos para nosotros mismos. Una cosa es lo que decimos y otra muy diferente la que hacemos.

Vivimos una época -en el mundo entero- en que se han trivializado, banalizado, los análisis, las explicaciones, el pensamiento y el discurso político (Rodriguez Kauth, 2000). También la "clase política" sufre de soberbia y arrogancia al no saber escuchar las voces de protesta que surgen del seno mismo del pueblo, ellos solamente se aprovechan de la política para sus mezquinos intereses personales. Con frecuencia recurren a los fríos datos estadísticos, aunque los mismos solamente sirven para utilizarlos como aplicaciones cosméticas del horror que ellos provocan según sea quien recurra a los mismos. Intentaré que la presentación que continúa supere dicho nivel de superficialidad para ser capaces de comprender la profunda angustia y el dramatismo con que la población vive la cruda realidad argentina.

3-HISTORIA ECONOMICA, SOCIAL Y POLITICA DEL ULTIMO CUARTO DE SIGLO:

El último cuarto del Siglo XX ha sido el peor período -de sus casi doscientos años de vida independiente- que ha sufrido la Argentina desde el punto de vista financiero, lo cual ha repercutido ineludiblemente en desmedro de la calidad de vida social, económica, política y psíquica -psicosocial- de la población toda. Esto último merece ser destacado, ya que sobre lo primero existen estadísticas certeras que los confirman, mientras que sobre la vida psíquica individual -y colectiva- normalmente es dificultoso encontrar datos al respecto. Sin embargo, la División Urología del Hospital de Clínicas de Buenos Aires ha informado públicamente que desde que se instaló el "corralito", un 50% de los pacientes que atienden en consulta -mayores de 50 años- son por pérdida de la libido, es decir que el apetito sexual de los "machos" está en baja; y esto bien puede leerse como una figura metafórica.

Desde el 19 de diciembre de 2001 que los argentinos nos consideramos los campeones mundiales en eso de voltear gobiernos y creer que hemos terminado definitivamente con modelos económicos perversos y -parcialmente- con sistemas políticos caducos, esto último por la corrupción que impera entre sus dirigentes. Desde que a fuerza de hacer ruido con cacerolas, ollas, sartenes, cucharones o latas, una pueblada popular logró echar al gobierno presidido por De la Rúa, por inoperante y, sobre todo, por su alianza perversa con un modelo económico que llevó a la miseria al pueblo que habita el territorio; pasando casi inmediatamente por la expulsión de otro breve gobierno interino que cruzó la raya de lo previsible en expresiones populistas y que se rodeó de la adhesión de políticos con frondosos prontuarios judiciales. Entonces nuestra soberbia hizo que creyéramos que poco menos que habíamos protagonizado la Revolución Francesa o la volteada del infame Muro de Berlín.

Esta característica de pretender ser que somos más de lo que realmente somos, ya la señaló hace casi un siglo el ensayista argentino Manuel Gálvez (1910), cuando escribía que "No recuerdo quién aseguró que la mentira es el vicio nacional. Yo agregaría que toda nuestra viveza es un continuo truco. Sobre todo en política. Vivimos mintiendo, engañándonos mutuamente ..."; a lo cual agregaba más adelante que "El argentino, superficial y exhibicionista, tiene la arrogancia del ignorante engreído y práctica un arribismo desenfrenado, ostentando sus afanes...". Esto se vivió de manera palpable durante la gestión de Martínez de Hoz, la época de la "plata dulce", en que nuestra pequeña burguesía creyó que había tocado el cielo con las manos porque podía viajar a Miami a comprar electrodomésticos a precio de regalo para lo que valían en el comercio local. Y otro tanto ocurrió durante la fiesta menemista, el "y a mí que me importa" de lo que ocurra con el país mientras yo pueda gastar en automóviles importados de Europa o en una misera picadora de carne traída de la China fue el lugar común al que se recurría cotidianamente. Ni a los industriales nacionales les importaba mayormente ver como se destruían sus industrias, total ellos ahora se iban a ocupar de otro negocio: el de la importación, con lo cual ampliaban las ganancias y sin tener que lidiar con las demandas -siempre consideradas excesivas- de los trabajadores.

Desde una lectura ingenua, puede atribuirse la crisis que atraviesa nuestro país a los 42 meses de recesión sostenida, la cual se refleja de manera sencilla en tres ejercicios fiscales en que hubo un índice de inflación negativo, es decir, el consumo estuvo paralizado, lo cual acarreó que también la producción se detuviera y que los sectores más empobrecidos de la población se hundieran en la miseria; mientras que las capas medias y medias altas vieran reducidos considerablemente su nivel de vida (Minujín y Kessler, 1995). Más aún, se calcula que a finales de 2001 ocho mil miembros de estos sectores pasaron a la pobreza e indigencia. Todo esto fue producto de aplicar una política capitalista -dictada desde las metrópolis globalizadas del Nuevo Orden Mundial- agresiva y que no tuvo miramiento alguno para con nuestra realidad. Política que fue aceptada por los gobiernos títeres, especialmente el de la última década del siglo, el cual vivió lo que se conoce como "la fiesta menemista" durante los primeros 5 a 6 años del período, merced a la privatización de las empresas públicas (4), un endeudamiento desmedido que no tuvo por objeto la inversión para el desarrollo y una altísima nivel de corrupción.

Más, al iniciar el escrito señalaba que el desastre financiero estuvo impreso durante los últimos 25 años. Esto no se contradice con lo expresado posteriormente, ya que se puede considerar como el puntapié inicial de la crisis a la época de la dictadura militar que gobernó con mano fascista la política interna, aunque desde el punto de vista económico y financiero se manejó bajo la más pura ortodoxia capitalista (5) comandado por la mano de un economista como fue Martínez de Hoz, que para la aplicación de tal modelo necesitó apoyarse en las armas de los militares genocidas.

La desnacionalización de la producción y la industria nacional, como así también del endeudamiento espurio no finalizó con el advenimiento de la democracia conquistada por el pueblo. Por el contrario, gracias a la aplicación de diversos ardides, esa política económica perversa continuó hasta iniciado el nuevo milenio con el apoyo cómplice de los gobiernos que se sucedieron hasta la fecha.

Ninguno de los tres gobiernos constitucionales -no quiero decir democráticos- que tuvimos en los siguientes 20 años del término de la dictadura fueron capaces de romper con el cepo de acero que se tendió alrededor del país en política económica, social y financiera. Por el contrario, pese a sus declamaciones de tono populista, profundizaron al modelo.

Durante el período 1940-60, Argentina fue una casi potencia industrial periférica, pero tal condición la fue perdiendo de manera paulatina hasta los años 70 y luego lo hizo aceleradamente en un proceso regresivo o involutivo. El nivel de vida de la mayoría de la población es de peor calidad a aquellos años, en tanto que la deuda pública se ha acrecentado en alrededor de veinte veces más que cuando se inició la dictadura militar. En la actualidad ésta es de unos 160 mil millones de dólares, mientras que en 1976 no alcanzaba a los 8 mil millones. A lo cual hay que agregar que el país ha pagado a los acreedores unas 25 veces más de lo que se debía a mediados de la década de los '70; gracias al sistema usurario de intereses se ha pagado más de lo que se debe acumulativamente.

A continuación veamos una tabla comparativa por años, monto de la deuda y los servicios de la misma que fueron pagados en concepto de amortización de capital más intereses devengados. La misma está expresada en millones de dolares y originada en fuentes del Banco Central de la República Argentina.

Deuda externa argentina

Año..........Deuda.................Servicio pagado

1975..........7 875
1976..........8 280................1 616
1977..........9 679................1 849
1978..........12 496...............3 310
1979..........19 034...............2 255
1980..........27 072...............4 182
1981..........35 671...............5 390
1982..........43 634...............4 875
1983..........45 087...............6 804
1984..........46 903...............6 281
1985..........48 312...............6 208
1986..........52 449...............7 323
1987..........58 428...............6 244
1988..........58 834...............5 023
1989..........65 256...............4 357
1990..........62 730...............6 158
1991..........65 405...............5 419
1992..........68 937...............4 882
1993..........65 325...............5 860
1994..........75 760...............5 771
1995..........99 364...............8 889
1996..........111 934.............13 054
1997..........130 828.............18 308
1998..........144 050.............21 573
1999..........147 881.............25 723
-----------------------------------------------

.............................................212 280

Cabe preguntarse ¿qué pasó con los 160 mil millones que se debían a principios de 2001?. No fueron invertidos en proyectos de crecimiento y desarrollo social y económico, sino que solo sirvieron para financiar el pago de lo que se debía. Es decir, con la más absoluta perversión sádica, se nos prestó para que amortizáramos lo que debíamos o para asegurarse el pago de vencimientos próximos.

El pago de la deuda pública -a acreedores externos e internos- ha significado una sangría para las arcas de erario nacional que, en definitiva, se nutre de la riqueza que producen los trabajadores que día a día ven disminuir su nivel de vida y sus condiciones laborales para facilitar los pagos. Vale decir, se han transferido a los acreedores no solamente los excedentes de riqueza producida, sino también la propia riqueza en dirección a quienes tuvieron la "visión" de prestar a gobiernos cómplices de tal maniobra que enajenaba el patrimonio de sus asalariados -que producen la riqueza- como el de los bienes del Estado a través de las privatizaciones.

La estrategia para producir la transferencia de riquezas consistía en asignar en el Presupuesto Anual de Gastos y Recursos una partida de los ingresos fiscales por todo concepto al pago de la deuda pública que -en su mayor parte, aproximadamente un 80% está en poder de las grandes instituciones financieras transnacionales-.

Pero esto no es todo, la estructura económica y social del país no es confiable ni siquiera para los propios argentinos que poseen todavía alguna riqueza que no les ha sido enajenada. Al respecto, Keynes (1939) señalaba que "... nuestro deseo de tener dinero como reserva de valor" y que el mismo "... es un barómetro del grado de nuestra desconfianza respecto de nuestros propios cálculos y convenciones acerca del futuro". En el caso por el cual se atraviesa el psiquismo cotidiano de los argentinos (Rodriguez Kauth, 2001b), la incertidumbre es mayúscula ya que desde que se acabó el festival de la banalización (Rodriguez Kauth, 1997) el temor recorre nuestras entrañas respecto a cómo resguardar los ahorros de una vida de trabajo o, en la minoría de los casos pero con mayor volumen de activos en efectivo, los dineros obtenidos merced a la especulación bursátil y financiera.

De tal suerte, se calcula que alrededor de 100 mil millones de dólares han salido del país para comprar títulos de la deuda pública argentina en el mercado financiero internacional y por ello reciben una buena parte de lo que todos adeudamos. Es lo que se conoce como fuga de capitales, que más tarde el país recupera vía nuevos empréstitos y emisión de bonos, es decir, se trata de algo así como un perro que quiere morderse la cola. Y es que los mismos capitalistas argentinos desconfiaban de la seguridad que puede brindar un país que constantemente está cambiando las reglas del juego, a más de que se evitan de pagar impuestos depositando sus activos en los paraísos fiscales que abundan por el mundo.

No se puede olvidar, para añadir a este panorama desolador, que durante los últimos años de la dictadura el sempiterno funcionario "económico" -Domingo Cavallo- se permitió el lujo de condonar las deudas privadas en dólares contraídas en el exterior a partir de la nacionalización de las mismas asumiendo el compromiso de aquellas ante los acreedores (6). Creo que fue lo último que se nacionalizó en un país que ha vivido los últimos 20 años del siglo XX en medio de un festival de privatizaciones de los bienes del Estado.

A todo esto cabe agregar que durante la segunda hiperinflación -la que soportó Menem- apareció la salvadora figura de Cavallo para terminar con aquel síntoma. La liquidó con la "convertibilidad", es decir, se terminó la locura de correr detrás de los dólares. Desde finales de 1991 -por ley de la Nación- un peso nacional equivalía a un dólar estadounidense. La medida fue oportuna, ya que logró su cometido y el país tuvo por casi once años una paridad cambiaria que redujo los tradicionalmente altos índices inflacionarios a los niveles "civilizados" de los países del Primer Mundo. Se cumplía el sueño menemista de que éramos como los poderosos, ya que teníamos una moneda equivalente a la de ellos, que no depreciaba su valor. Más, de nuevo aparece la conjunción adversativa, ninguna decisión política o económica es de por sí eterna, es preciso que las mismas se ajusten a los tiempos y circunstancias en que les toca moverse. La convertibilidad trajo el beneficio de la previsibilidad en cuanto a la paridad monetaria pero vino asociada a perversiones que se advirtieron unos años más tarde. Esto ocurrió cuando el país dejó de tener precios competitivos para colocar sus exportaciones en otras partes, a la vez que se convirtió en el paraíso para la entrada de mercaderías -la mayor parte de las veces de contrabando- con lo cual se cerró el círculo no virtuoso de acabar con la industria nacional. Ya no teníamos a quien venderle como consecuencia de la falta de competitividad de nuestra moneda. En principio se adujo que eso ocurría por efecto del alto "costo argentino", que en buen romance significaba que nuestros trabajadores ganaban demasiado con sus labores y, entonces, se introdujeron medidas paralelas como la de disminuir los aportes patronales, las cargas sociales, etc. Pero esto no era suficiente para bajar el costo argentino y se inventó la solución de la flexibilización laboral, que en buen romance no fue otra cosa que la rebaja de salarios. Total, con el gran ejército de desocupados constituido en virtud de la real desaparición de la industria nacional, no era difícil conseguir obreros o empleados que estuviesen dispuestos a trabajar por lo que se les ofreciese y así se llegó a que en épocas de De la Rúa el Congreso -en sesiones no muy santas, por cierto- sancionase una ley "laboral" que legitimaba los "contratos basura".

La convertibilidad había logrado sus propósitos no explícitos de liquidar a la industria nacional y con ello a la capacidad laboral de nuestros trabajadores. Fue una operación perfecta para los intereses del imperiocapitalismo (Rodriguez Kauth, 1994).

Más esto no es todo para mostrar la complicidad con el sistema financiero internacional y vernácula, ya sea por acción, omisión o imbecilia perversa. Los sucesivos gobiernos democráticos de Alfonsín, Menem y De la Rúa, particularmente el del segundo que fue un campeón en el deporte de privatizar, se encargaron de asumir los pasivos de aquellas antes de venderlas a precio vil. De tal suerte y gracias a políticas serviles, es que se destruyó sistemáticamente el aparato productivo nacional, tanto el industrial como el tradicional agropecuario. En la actualidad solamente son rentables las empresas de servicios, especialmente la banca que en su gran mayoría está en manos de banqueros extranjeros y las que otrora fueran conocidas como de "servicios públicos" -teléfonos, aguas, electricidad, hidrocarburos, etc.- aunque hoy estén privatizadas y solamente les interesa acumular buenos dividendos en sus balances para así exportar capitales hacia sus casas matrices en el exterior -que es lo que les exige el sistema capitalista globalizado- siendo España uno de los destinos más frecuentes, ya que desde ahí se ha reiniciado la colonización de nuestro territorio con inversiones financieras de poco riesgo, después de que lo hicieran por primera vez hace algo más de 500 años (Rodriguez Kauth, 1994b). El reproche a España no es casual, no en vano en medio de la crisis política de finales de 2001 vino a visitar Argentina el ex Premier Felipe González y pocos días después lo hizo el Ministro de Relaciones Exteriores de Aznar; sus visitas no fueron de buena voluntad -como tanto insiste en remarcarlo públicamente Aznar- para poner en práctica sus generosos planes de "ayuda". Hasta para el analista menos advertido la presencia de estos dos altos dirigentes políticos españoles -de signo político enfrentado- fue hacer presión sobre las autoridades argentinas en defensa de los intereses de las empresas españolas que son las que mayores inversiones han hecho aquí en los últimos años: algo más de 40 mil millones de dólares.

4-UN POCO DE HISTORIA RECIENTE SOBRE LO MISMO:

El año 2001 fue fatídico para la economía, la política y la sociedad argentina. En marzo se sucedieron dos crisis ministeriales, especialmente en el ámbito de Economía, que concluyeron con el nombramiento de Cavallo -él nuevamente- en el área en cuestión. Con sus primeras medidas apuntó a favorecer el crecimiento pero, fiel a su costumbre, no dejó de operar en beneficio de los banqueros. En poco tiempo y dado que ya no podía negar la condición de país en cesación de pagos debido a la ausencia de crédito para financiar los reembolsos de la deuda pública, decidió que los argentinos debíamos vivir con lo que recaudábamos y, entonces, edificó un monstruo llamado "déficit cero". Para lograrlo ni se le pasó por su calva cabeza la posibilidad de incumplir con los pagos a los acreedores de bonos y títulos argentinos, sino que cortó por la parte más delgada de la soga: redujo los salarios de los empleados públicos y de los jubilados en un 13%. Además de haber sido una iniquidad, es obvio hasta para el menos conocedor de los procesos económicos de que si el país venía con tres años de recesión y deflación, aquella decisión conduciría a acentuarla más aún, ya que sacaba dinero del mercado. Y, si no hay consumo, mal puede haber recuperación económica y mucho menos ingresos fiscales para que podamos "vivir con lo nuestro".

Como es obvio, el plan no tuvo el éxito deseado por su mentor, no solamente aumentó la recesión y con ella la desocupación, sino que como era de esperar en la misma relación cayó la recaudación fiscal, con lo cual aquello de "vivir con lo nuestro" se convirtió en una simple expresión de deseos, ya que tampoco teníamos recaudación genuina. El país había entrado en una suerte de caos social y en un auténtico descrédito generalizado hacia la "clase política" (Mosca, 1926), pero el gobierno era como si mirase para otro lado; hacía oídos sordos a los reclamos populares y, lo que es peor aún, en un evidente proceso psicótico, utilizaba el mecanismo de la renegación de aquellos, que no es otra cosa -en el lenguaje común y corriente- que mentir.

Como última medida para superar una crisis insoslayable y que ya no se podía ocultar con palabras que sonaban a hueco, el Gobierno resolvió implementar una medida que popularmente fue conocida como "el corralito". La misma obedeció a la fuga de unos 20 mil millones de dólares de los depósitos bancarios hacia refugios en el exterior, o bien a lo que desde antaño se llama "adentro del colchón", aunque esta estrategia fue utilizada por los pequeños ahorristas, en tanto que los grandes optaron por la primera solución. Esos dineros fueron retirados básicamente de las operaciones de plazo fijo, las cajas de ahorro y las cuentas corrientes de los bancos. El "corralito" no fue otra cosa que pasar por sobre la ley de intangibilidad de los depósitos, congelando los mismos y permitiendo solamente hasta el retiro por parte de los clientes de una suma de 250 dólares semanales de cajas de ahorro o de las cuentas corrientes, mientras que el pago de los vencimientos de plazos fijos iban a comenzar a reintegrarse en 90 días a sus tenedores a partir del 3 de diciembre.

Sin dudas que la fuga de 20 mil millones de dólares no se hizo de un día para otro, comenzó durante la crisis de marzo, vale decir, la eventual solución drástica llegó tarde, cuando ya la gente "amiga" del Poder hizo sus extracciones de fuga. Por otra parte, tampoco quepan dudas que esa cifra no correspondía a pequeños tenedores de plazos fijos que protegían sus ahorros obteniendo una renta mensual, sino que para sacar tamaña cantidad era preciso que se tratase de cuentas varias veces millonarias -en especial de las empresas privatizadas que remitían sus bienes a las casas matrices- y de quienes tenían dineros malhabidos merced al enriquecimiento ilícito u otras maniobras no legítimas y que contaban con la complicidad de los bancos para hacer las transferencias a sus casas matrices en la centralidad financiera mundial o hacia los paraísos fiscales que son los únicos paraísos que existen en el mundo de hoy.

Asimismo, las medidas económicas fueron complementadas con la "bancarización" compulsiva de todos los asalariados y pequeños comerciantes que debían cobrar sus ingresos a través de la apertura una cuenta de ahorro en la que le serían depositados sus ingresos. Si se tiene en cuenta que aproximadamente más de un tercio de la economía argentina se mueve en el mercado informal -"en negro"- esto aumentó la desocupación de aquellos trabajadores que no figuraban inscriptos como tales y que, en consecuencia, debían ser despedidos, ergo, la desocupación aumentó a la cifra récord del 20% (7).

La aplicación de esas medidas de la noche a la mañana -la frase no es un recurso metafórico- trajo aparejado un profundo malestar en los pequeños ahorristas y en los asalariados que veían, ahora sí sin eufemismo alguno, que sus dineros eran lisa y llanamente confiscados por los bancos con la intermediación cómplice del Estado.

Lo que no dijo Cavallo cuando anunció los impopulares criterios, es que ellos no solamente se tomaban para proteger los intereses de los banqueros, sino que también apuntaban a proteger el bien común (Platón, Aristóteles, Agustín de Ipona) ya que un retiro masivo de fondos necesariamente haría colapsar al sistema financiero y bancario -una virtual quiebra- debido a que prestaron los dineros recibidos a más largo plazo de que el que correspondía a su devolución a los clientes que lo habían depositado.

5-EL PANORAMA INTERNACIONAL PARA ARGENTINA:

Pese a las declamaciones de buena voluntad para "ayudar" al país a salir del marasmo en que se ha introducido, no dejan de escucharse voces que pareciera que viniesen de otro planeta. Así, desde el FMI se ha dicho que Argentina saldrá de su afligente situación "con más sufrimiento". Por favor, mi pueblo está cansado de padecer sufrimientos por culpa de gobernantes que han sido cómplices activos de las "recetas" recesivas de los funcionarios del FMI. Asimismo, desde la frontera para adentro, existen personeros del sistema financiero que reclaman al gobierno una fuerte represión contra las manifestaciones que agreden los edificios bancarios, aluden a que es preciso que corra sangre para que el pueblo escarmiente de sus metodologías. Pareciera que no se dan cuenta que ha de correr sangre popular pero, en definitiva, terminarán por rodar sus cabezas por las calles cuando el pueblo se harte de tanta ignominia y decida ser un auténtico protagonista de su historia diciendo "¡basta ya!".

Leído desde una mirada internacional, un posible cambio de conducta argentino en cuanto a la deuda podría tener repercusiones imprevisibles en el escenario mundial. No solamente por la desestabilización que provocaría en los mercados financieros más industrializados nuestra cesación de pagos, sino porque su decisión podría abrir una puerta ejemplarizadora para otros países que comparten semejantes condiciones de vasallaje. Para que esto suceda es preciso que las movilizaciones populares obliguen a las autoridades a asumir una posición firme de reformas económicas con una repartición progresista del ingreso nacional y una política fiscal equitativa y redistributiva disminuyendo el regresivo IVA generalizado y aumentando la tasa del impuesto a las ganancias y a los patrimonios (10).

Todo esto podría ser complementado con acciones políticas y jurídicas para recuperar -aunque no sea más que parcialmente- los dineros evadidos del país por grandes corporaciones nacionales y transnacionales. Asimismo el Banco Central debiera tomar una política activa en el control de movimiento de capital y operaciones de cambio para así proteger a los inversores locales de maniobras especulativas.

Desde una perspectiva social, es preciso que urgentemente el gobierno de Duhalde -o el que le suceda, ya que estimo que le queda poco tiempo de conduccioón- deberá recuperar el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, a la vez que reforzar el sistema de seguridad social mediante la garantía de un ingreso mínimo para los desocupados, con lo cual no solamente se reparará a un dañado sector social, sino que también se logrará el aumento del consumo de productos nacionales que gracias a la devaluación están más baratos que los importados. A su vez, esto facilitaría el mejoramiento de las relaciones comerciales con los países vecinos que, al acercar la banda cambiaria no facilita que se nos sienta tan "norteamericanos".

¿Será mucho pedir que alguna vez ocurra esto?. No olvidemos que A. Einstein supo decir que "en las dificultades de esconden las oportunidades" (Infeld, 1956). ¿Será posible que los argentinos dejemos de mirar "el que dirán afuera" y escuchemos lo que se dice adentro?. Para ello se necesitan no solamente agallas sino también credibilidad por parte de la población, que sin dudas ha de apoyar tales medidas en su inmensa mayoría.

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