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INTERACCIÓN No. 29

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Revista INTERACCION No. 29

ECONOMÍA Y CONVIVENCIA SOCIAL

::: ECONOMÍA Y CONVIVENCIA SOCIAL :::

Argentina: La oportunidad del aprendizaje

Por: Zulma Barada*

La década de los noventa, significó para la Argentina un período de cambios que la conducirían a la crisis que vive actualmente. Con un sentido de la rapidez que siempre le fue ajeno, intentó implementar puntillosamente los postulados del llamado consenso de Washington.

Este consistía en un conjunto de reglas, mediante las cuales se establecía un ámbito de transparencia económica.

Algunos temas sobre los que se acordaron fueron:

1. disciplina presupuestaria,
2. cambios en la asignación del gasto público,
3. reforma fiscal,

4. liberalización de los flujos financieros y las tasas de interés,

5. hallar y mantener un tipo de cambio competitivo,

6. liberalizar el comercio,

7. apertura a la entrada de IED (inversiones extranjeras directas),

8. privatizaciones,

9. desregulaciones,

10. garantía de los derechos de propiedad.

La mayoría de los postulados estaban dirigidos a crear un nuevo marco o paradigma económico, en donde la iniciativa no dependía de la economía sino de la política. Una vez resuelto el tema de quien sería el que le diera aval político, se pondría inmediatamente manos a la obra, y la ejecución sería economicista.

En la Argentina, el presidente Menem, que gobernó durante toda la década de los noventa, proveyó las condiciones para llevar a cabo las reglas del consenso en el menor tiempo posible.

A partir de allí, la Argentina vivió una ficción, cuyo corolario más ridículo fue la afirmación de pertenencia al primer mundo. No por su infraestructura, eficiencia, respeto por las leyes, poderes independientes que distaban de esa afirmación, sino porque se implementaban instrumentos que se suponía también los implementaba en su totalidad el primer mundo.

La supremacía de la economía sobre lo socio-político, fue el signo distintivo y en cierto modo justificado por la desvalorización de los políticos, a pesar de haber necesitado de lo político para hacerse realidad.

El presidente Menem asume en una Argentina abrumada por la hiperinflación, hasta que en 1991, se decide frenarla mediante un shock de política monetaria, llamada la Convertibilidad.

El ministro de economía Cavallo, sería el artífice de este plan, pero además sería uno de los personajes más relevantes de los noventa, con la anuencia de algunos organismos internacionales, que como co-partícipes (a menudo equivocándose en los planes y monitoreos), contribuyeron a esta crisis actual La Convertibilidad, tomada de la historia económica, puntualmente del período del patrón oro, consistió en anclar el peso nacional al dólar norteamericano, con una paridad de 1 peso a 1 dólar. Esto, independiente de la productividad de las economías que representaban cada una de las monedas.

Se cumplía así con uno de los postulados del consenso de Washington: buscar un tipo de cambio adecuado, pero faltaba y faltaría luego que fuera competitivo.

Esto creó en la sociedad argentina, la tranquilidad que generaba el alejamiento de la inflación cuyo costo lo pagó el gobierno del presidente Alfonsín, que se retiró antes de cumplir su mandato y al cual sucedió Menem.

Comienza de esa manera un proceso de bimetalismo, compuesto por una moneda fuerte, y una moneda débil que sumaba también la desconfianza en las autoridades y en el sistema institucional en general.

Naturalmente la gente comenzó a tener una cultura del dólar mucho más acentuada (ya existía previamente) aunque la economía comienza a tener problemas a partir de la crisis de México.

Un tipo de cambio no competitivo, con costos de producción altísimos fueron algunas de las causas que llevaron al cierre de las industrias o el traslado de las mismas a Brasil, con lo cual comenzó un período recesivo (que dura hasta este momento), con un incremento cada vez más agudo de los índices de desocupación.

Sin haber realizado un ajuste fiscal allí donde se debía, no pudiendo crecer cuando todo el mundo lo hacía, la economía argentina resolvía sus déficit por el lado del endeudamiento externo, que cada vez pesaba más sobre un Producto Bruto Interno que a su vez descendía.

El resultado es el que actualmente se tiene, una sociedad disconforme, disgregada, con una actitud monetarista, y con una pérdida cada vez más rápida del valor sobre la que está basada cualquier sociedad: el trabajo.

Algunos pueden responder que no se puede darle valor a algo que no se tiene como el trabajo, pero se debe recrear la confianza en que es posible recuperarlo.

En medio de la crisis afloró el sentido de solidaridad que debe existir siempre, haya o no crisis. Pero, no puede una sociedad retrotraerse al siglo XVIII, y basar la subsistencia de millones de seres en un plato de comida diaria ofrecido por los que más tienen o pueden, a través de organizaciones que irrumpieron en la sociedad argentina dedicadas a este fin.

La dignidad la da Dios y nadie nos la quita. Es posible que disminuya pero no desaparece, y la forma de recuperación plena de la misma es a través del trabajo. En la medida que subsistan estas condiciones de dádiva permanente, la sociedad irá mutando hacia niveles cada vez más bajos, que ayudan a que afloren aquellos aspectos humanos más pobres en valores.

El marco político y económico desarrollado brevemente al principio de este artículo, nos hace meditar sobre los dogmas extremos basados en la fría lógica de la eficiencia material.

Nada es permanente sino contiene al espíritu que puede darle sentido real al incorporar lo humano como objeto de la lógica material.

Cuando nos referimos a lo humano, lo hacemos a la totalidad, porque ningún plan es bueno si deja algo de lo humano fuera. A largo plazo, ello hará que queden humanos fuera de esa lógica.

La Argentina sufre de muchas cosas, pero hay una que es relevante: que debe aprender a mirar el mundo que la rodea, y ver que su problema es solucionable (más de lo que supone).

El primer paso es recuperar la salud moral, y saber convivir en una crisis sin pensar que con ella mañana se termina el país.

La ignorancia de quienes detentan cualquier tipo de poder, o un semi-analfabetismo peligroso pero, rentado, desmoralizan cualquier sociedad y le hacen creer que es peor de lo que es realmente.

La madurez llega muchas veces de la mano del sufrimiento. Para orientar el sufrimiento hacia una salida positiva, es necesario repensarse como individuo y como sociedad, aún en aquellos detalles que parecen irrelevantes.

Argentina tiene una oportunidad de aprender de aquello que le ha hecho daño, y en un acto de solidaridad frente al dolor de tantas naciones en el mundo, evitar las quejas y los patetismos extremos, en un silencio que le de la capacidad de reflexión para situarse en el lugar que le corresponde como nación, sin privilegios auto-concedidos.

Salir a la calle a reclamar, pero no sólo por el dinero, hubiese sido un comienzo saludable. No obstante, el impulso fue ese, con lo cual no pierde validez el reclamo, pero existían previamente hechos que justificaban una protesta de ese nivel.

La sociedad se había sensibilizado de una manera errada. En la década de los noventa la cultura del dólar modificó las actitudes. Cuando el tipo de cambio se transforma en fluctuante, emerge la verdad pero la mayoría quiere permanecer en la ficción porque se siente más cómodo aunque no sea lo mejor ni la verdad.

Debemos aprender a que todo varía en la economía, y la contradicción del liberalismo implementado en la Argentina fue que se liberaba aquello que nos venía bien a nuestros intereses, no importando si era una mentira y dañaba a un sinnúmero de personas.

La sensación es que pesificar y hacer que además, la gente piense en la moneda nacional es imposible. No hay forma de trasladar el pensamiento desde una moneda fuerte (el dólar) a una moneda débil (el peso). El daño está hecho, y hay que obrar en aquello que se puede para luego ir tratando de cambiar aquello más dificultoso.

Por ello recuperar el sentido del trabajo (sólo es válido aquello derivado de la economía real y acompañado en un saludable porcentaje por la economía nominal) es la primera medida que hay que tomar, y es una medida moral, no gubernamental.

La sociedad se siente víctima pero, es victimaria también, porque con sus actitudes post-modernistas y relativistas ha llevado a que algunos valores no sean considerados. Y precisamente aquellos valores que son el sostén social: la verdad, la justicia, la confianza mutua, la honestidad sin ostentarla, la prudencia, y una búsqueda permanente del bien común en todos los actos.

La estética de la trasgresión por sí misma, sin construcción, es la dominante. Tiene algo de infantil, de llamar la atención mediante lo destructivo, porque no logra discernir lo bueno que pueda tener lo que se está destruyendo. Una suerte de nihilismo que algún porcentaje de la

sociedad argentina recrea con el fin de la nada.

Argentina es como todas las naciones del mundo, se compone de una metrópoli avanzada y el resto. Pero, debemos entender que no siempre llamarse avanzada es tener razón, como tampoco quedarse en tradiciones que impiden el desarrollo es lo saludable. Pensar en conjunto, es el medio para lograr el objetivo de vivir todos mejor.

¿Cómo puede alguien cerrarse en su felicidad cuando del otro lado del muro hay tanto dolor?. ¿O es que sólo somos poderosos de esa manera?.

La porosidad entre las clases sociales fue un signo distintivo de la Argentina, y se está perdiendo porque hay que hacer el esfuerzo para diferenciarse de otros, cuando no hacer ningún esfuerzo en ese sentido nos diferencia, porque nos hace más cercanos a un concepto más pleno de ser humanos.

La imitación de costumbres no es negativo si lo que se imita es el bien, pero imitar por parecerse en un cierto nivel económico de vida es de ignorantes. La Argentina imitó aquello de la superficie (gastar como el primer mundo) pero sin que tuviera una base firme de sustentación (lo hacía a través del endeudamiento), al cabo del tiempo se hundió (declaración de cesación de pagos), y hoy busca soluciones fuera cuando la realidad es ignorada (conciente o no) por muchos sectores que tienen en sus manos parte de la solución.

En lo que concierne a la corresponsabilidad de algunos organismos internacionales de crédito, no hay demasiado para agregar. Existen y actúan de una manera, si fracasan no se sienten culpables y además aconsejan nuevamente cuando no se ponen en el papel de maestros severos. También ellos necesitan salir de su crisis que no es económica sino moral. Los empleados de estos organismos independientemente de sus cargos son personas finitas de naciones diversas que a menudo ignoran lo sustancial: que cualquier exigencia cae sobre los más débiles porque dejaron hacer a los más fuertes, que siempre les obedecen.

Mirar al mundo desde un edificio de cristal suponiendo que somos infalibles e intocables, determinar que riesgo se le asigna y con ello traer consecuencias que no nos alteran porque no somos los que las sufrimos es propio de individuos limitados. Viven en este mundo, y exponen al peligro a gente inocente y a sí mismos, porque generan reacciones violentas que comienzan y pueden derivar en tragedia.

En lo que concierne a la Argentina, ya no es posible escribir un artículo sólo económico. Creemos que al respecto se ha dicho todo, desde cada ángulo del pensamiento económico. Pero por ello no tenemos la respuesta totalizadora, sino una parte. Por lo tanto, se necesita combinar otros aspectos que reviertan la situación.

Un aspecto es el ahorro en el lenguaje: decir mucho en poco tiempo, y evitar la carrera de opiniones para ver cual tiene la supremacía.

Otro es pensar que hubo países arrasados y los sigue habiendo, que sobreviven y se recuperan con el tiempo, con base en el amor de sus ciudadanos.

El que haya una nación más fuerte que el resto no implica la obediencia servil, sino una defensa firme de los intereses allí donde es posible y donde nos asiste la verdad.

Una nueva forma para negociar, es otro de los parámetros necesarios para salir de la crisis. Siempre habrá quienes prefieran ceder sin más, pero es parte de la realidad a la que debemos estar atentos para que el país salga de este laberinto. La salida es dolorosa, pero la resistencia al dolor es la esperanza que nos da la salida.

E-mail: holzwegezb@hotmail.com


* Docente Universitaria - Buenos Aires - Argentina
Tesis doctoral: "La economía de la confianza, contratos y revalorización de factores productivos".

 

 

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