Desde septiembre de 2001, aunque con más intensidad desde
noviembre, España ha vivido un acontecimiento mediático ciertamente nuevo, de
gran proyección pública que ha sido calificado por diferentes analistas como
"fenómeno social" indiscutible. Nos referimos a Operación Triunfo, que se
ha presentado oficialmente como un concurso televisivo para seleccionar al
representante oficial español en el Festival de Eurovisión. El éxito de esta
nueva fórmula televisiva ha sorprendido a propios y extraños. Aunque se inició
con unas audiencias modestas (de cerca de dos millones de personas) llegó al
final a más de doce millones, lo que ha supuesto un récord desde que el mercado
televisivo español fue fragmentado a partir de 1990. Sin duda, las audiencias de
los años setenta y ochenta eran mucho más amplias (de cerca de veinte millones),
pero no había competencia, y todo el mundo se veía forzado a ver la misma
programación de Televisión Española (TVE).
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Fenómeno mediático nuevo
Operación Triunfo ha sido una verdadera "operación"
mediática novedosa en el panorama comunicativo español, aunque las técnicas
utilizadas en su producción, realización, promoción y comercialización ya sean
conocidas. Tan es así que tiene diferentes facetas para resaltar. Probablemente,
las más destacadas por los diferentes observadores que se han ocupado de
analizarlo (sobre todo en la prensa, ya que ha generado miles de páginas en
diarios y revistas) han coincidido en el éxito de audiencia. Pero hay también
otras cuestiones para tener en cuenta.
Primero, se trataba de un programa con
un formato muy atractivo que mostró en directo a dieciséis jóvenes agraciados
procedentes de diferentes partes de España, escogidos a partir de un
casting de cerca de siete mil candidatos (en la segunda edición ya han
sido 180.000), que arribaron a una "academia" donde una "directora" y un grupo
de "profesores" les iniciaban y perfeccionaban la voz y los movimientos del
cuerpo, la puesta en escena, con el fin de gustar al gran público y no ser
eliminados por éste. Aquí se ha destacado el espíritu de compañerismo, la
simpatía, la solidaridad, el esfuerzo por parte de los concursantes (que no
había tenido el programa concurso precedente, es decir Gran Hermano,
constituido por un grupo de ociosos y hasta envidiosos). ¿Pero dónde está la
novedad?: precisamente en hacer toda esta "operación" aparentemente en directo,
enfrente de las cámaras, de cara al público y no a escondidas como ha hecho la
industria fonográfica desde hace más de medio siglo.
Asimismo, se convirtió en un fenómeno de masas (que atraía
sobre todo al público adolescente y femenino), ya que los jóvenes intérpretes
estaban convirtiéndose en muy poco tiempo no sólo en "artistas" de la canción,
sino en auténticas "estrellas" del olimpo mediático. Muchos jóvenes se
identificaron entonces con aquellos intérpretes noveles: jóvenes sin estudios,
con poca cultura y sin oficios ni profesiones conocidas que se podían
transformar de un día para otro, por encanto y gracias a la "magia" de la
televisión, en auténticos ídolos juveniles, susceptibles de ser deseados e
imitados hasta el paroxismo por millones de otros jóvenes (y también adultos)
encandilados por los valores de la sociedad de consumo y del espectáculo: el
éxito, la fama, el dinero, la belleza física, la apariencia, la juventud, el
"glamour", el hedonismo.
"España es la mejor"
Pero también hay que considerar Operación Triunfo como
una de las mejores "operaciones" de exaltación del españolismo que se haya visto
en los últimos años. El éxito sorprendió incluso a la propia empresa. Después de
la transición política y, particularmente del mágico año 1992 (con los Juegos
Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla), puede decirse que
España dejó definitivamente el amplio grupo de los países pobres y atrasados y
pasó a integrarse con pleno derecho en el club de los ricos, de los afortunados
de la Tierra, de los que no sólo tienen un nivel de renta alto sino que
necesitan demostrar al mundo y a sí mismos que son los mejores (o como mínimo
tan buenos como los mejores). Es por ello que las victorias y éxitos simbólicos
adquieren tanta importancia. Es como conseguir medallas en los Juegos Olímpicos,
los campeonatos de fútbol y todo tipo de competiciones deportivas, los Óscar de
Hollywood o el éxito de sus "artistas" en el mundo entero, como es el caso de
los Iglesias (padre e hijo), Alejandro Sanz, Antonio Banderas, Penélope Cruz,
Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar.
Por ello era tan importante ganar el último Festival de
Eurovisión, para demostrarse a sí misma y al resto de estados europeos que
"España es la mejor". Pero aunque no se llegó, ni de lejos, a este
reconocimiento internacional (no obstante haber cantado algunas estrofas en
inglés), sí que se consiguió la identificación de la población del país con la
"Rosa de España" (emulando a la histórica folclórica Lola Flores durante el
franquismo). Se procuró limar todas las diferencias entre las procedencias de
los concursantes y todo el mundo se sintió muy orgulloso de ser español y de
apoyar a los chicos de OT aunque fuesen de comunidades autónomas
(regiones) diferentes (también es cierto que fueron decididamente promovidos y
defendidos por sus pueblos y ciudades de origen). Por esta razón, aunque no fue
concebida como una "operación" política, sirvió claramente a los objetivos del
españolismo rampante del Partido Popular en el poder.
Pero aún resta por comentar otro aspecto
significativo de esta "operación" mediática, que es sin duda una de las más
importantes de la historia reciente de España. Se trata de la sinergia
multimedios más afortunada y con más éxito de las realizadas nunca en el país.
Ya hace décadas que las grandes corporaciones multimedios norteamericanas (sobre
todo Disney, AOL Time Warner y Viacom, entre las más grandes) operan de esta
manera, es decir produciendo y comercializando contenidos simbólicos que pueden
ser rentabilizados claramente en las diferentes divisiones del grupo (prensa,
radio, televisión, vídeo, fonografía, cine, libro, comic, videojuego, Internet,
parque de atracciones), así como, a través de franquicias (pago de derechos de
imagen), con diferentes tipos de empresas de todos los ámbitos de la economía
(desde la alimentación hasta las bebidas refrescantes, pasando por la
vestimenta, los juguetes o el material escolar) y en los principales mercados
del mundo. Probablemente, el último gran éxito internacional en este sentido fue
el personaje británico Harry Potter.
Gran "operación" comercial
Pero en España nunca se había logrado convertir un contenido
simbólico en un producto comercial de masas de estas dimensiones, es decir, un
negocio de cien millones de dólares. Es cierto que, sobre todo en la última
década, las industrias comunicativas, culturales y de entretenimiento españolas
están emulando lo que hacen sus homólogas norteamericanas y principalmente su
tarea consiste en asociarse a éstas para beneficiarse de una estrategia que se
planifica a escala planetaria. No obstante, en España no hay grupos multimedios
suficientemente potentes y diversificados en sectores clave y que tengan una
sinergia efectiva, con la excepción quizá del grupo PRISA. Y precisamente PRISA
es uno de los actores de esta "operación"; no así Admira Media (del grupo
Telefónica), aunque sea propietario de Endemol (a su vez principal accionista de
la productora catalana Gestmusic, otro de los socios en OT).
Inspirándose en otros formatos de éxito internacional como el
holandés Gran Hermano (de Endemol), el norteamericano Fama y el
australiano Popstars, Gestmusic intentó vender su idea a Antena 3
(también propiedad de Admira) y a Tele 5 (de los grupos Fininvest y Correo),
pero las negociaciones no prosperaron. De esta manera, se firmó un contrato con
el ente público RTVE, al cual, después de muchas gestiones, se añadieron otros
socios que serían fundamentales en el resultado de esta magna "operación"
comercial: Gestión de Medios (central de ventas multimedios del grupo PRISA) y
Vale Music (empresa fonográfica catalana propiedad de Ricardo Campo y que tuvo
muchos éxitos anteriores con discos superventas de recopilaciones, como los de
Crónicas Marcianas, Gran Hermano, Disco Estrella o
Supervivientes, además de cantantes propios como Coyote Dax, King África
o David Civera.
Gracias a una colaboración e integración profesional muy clara
entre estas cuatro empresas (dos madrileñas y dos catalanas) se consiguió un
gran éxito de audiencia televisiva (que supuso ingentes ingresos publicitarios
para TVE en un momento de depresión a causa de los atentados del 11 de
septiembre de 2001 en los EUA), la creación de un canal específico en la
plataforma de pago Canal Satélite Digital (de PRISA y Vivendi Universal), la
edición de varios millones de ejemplares de CD y DVD, la programación de
centenares de actuaciones en directo, la participación en diferentes galas en
todos los canales televisivos españoles y la venta de todo tipo de productos
comerciales a través de franquicias con diferentes empresas españolas: cincuenta
mil karaokes, cien mil camisetas, diez mil toallas, ciento cincuenta mil
frascos de colonia, ciento veinticinco mil cajas de caramelos, cinco millones de
bolsas de snacks, además de llaveros, muñecos, lámparas o mochilas.
Como resultado de este experimento, un año más tarde se pone en
marcha la segunda edición de Operación Triunfo, el "segundo curso" de la
"academia" y las expectativas son muy grandes, tanto por parte de los
empresarios como de los concursantes y del público, pero nadie puede saber con
certeza si se conseguirá el mismo éxito. La experiencia de Gran Hermano
demuestra que cada año interesa menos a la audiencia y que, en las ediciones
sucesivas, el programa no ha vuelto a tener el impacto inicial. Por tanto,
podemos suponer que en los próximos años de este concurso no se lograrán
resultados tan espectaculares. Pero, de todas maneras, durante la temporada
2001-2002 ha contribuido a contener el déficit endémico que sufre la cadena
pública, gracias a los ingresos publicitarios extraordinarios de TVE y por la
venta de fonogramas, en un momento en el que se estima que la piratería ilegal
arriba a cerca del 30% del mercado y las copias privadas en CD (de otros
fonogramas o de Internet) amenaza gravemente a la industria musical. Pero
también es cierto que ha sido una pequeña empresa catalana la principal
beneficiaria de este fenómeno (Vale Music) junto con unos intérpretes
prefabricados, aunque a costa de los otros cantantes ya introducidos en el
mercado y de las transnacionales (Sony, Warner, BMG, Universal y EMI) que
controlan el negocio musical español desde hace décadas.
E-mail: d.jones@tiscali.es