El contrato pragmático fiduciario de los medios de comunicación
es un producto histórico de la institucionalización y de la legitimación del
papel del periodista (Rodrigo, 1999). A partir del siglo XX, el periodismo se ha
convertido en una verdadera profesión con su estatus y sus escuelas de
formación. En nuestras sociedades, el trabajo de los periodistas se ha
convertido en la profesión de aquéllos que nos cuentan lo que ocurre en el
mundo. Esto no significa que dicho contrato pragmático fiduciario se establezca
de una forma incontestable. En España, durante la dictadura del general Franco,
un sector de la población no aceptaba ese contrato pragmático fiduciario, se
sabía de la existencia de una censura que hacía que la credibilidad de los
medios de comunicación fuera muy baja. En las democracias, a pesar de la
institucionalización del papel del periodista, los medios de comunicación deben
luchar día a día para tener credibilidad y para renovar ese contrato. La
información mediática necesita contar con la confianza de sus lectores, en el
sentido de que el discurso informativo debe poder ser creído (Rodrigo 2003).
Para que se acepte ese contrato, el discurso informativo se
construye de tal forma que se presenta como un discurso veridictorio. La
estrategia consiste en construir un discurso que pueda ser creído. Por esta
razón, se hace aparecer en el discurso informativo las fuentes de autoridad, el
periodista utiliza comillas para recoger declaraciones literales, etc. Todo ello
refuerza un discurso construido para decir la verdad. Pero, aún así, existe una
paradoja, es curioso que los lectores estén dispuestos a creer lo que se escribe
en los periódicos, pero consideren, a menudo, que los periodistas son unos
mentirosos.
De todas formas, en los medios de comunicación hay un esfuerzo
por reforzar el contrato pragmático fiduciario. Por ejemplo, se ha creado el
puesto de defensor del lector (el ombudsman), que es en cierto modo una
salvaguarda para garantizar el carácter verídico del discurso informativo o al
menos para hacer las rectificaciones pertinentes.
Es cierto que cualquier lector puede dudar de una información concreta porque
dispone de otras informaciones diferentes o porque hace una interpretación
diferente de los hechos. Se debe recordar que un contrato es
una propuesta de pacto en el que las cosas son de una forma y no de otra. Se
trata de una negociación del sentido y del efecto de sentido. Pero, como afirma
Luhmann (1996: 89), se puede desconfiar de los periódicos, pero las noticias son
de todas formas las noticias.
También es cierto que el discurso de los medios de comunicación
no es solamente informativo, no pretende únicamente hacer saber, sino que
también pretende hacer sentir. Los periódicos sensacionalistas apuntan más a las
emociones que al saber de sus lectores. De hecho, proponen una especie de
contrato pragmático lúdico. En el siglo XIX, el periódico sensacionalista
americano Sun inventó informaciones sobre pruebas científicas en relación
con la existencia de vida en la Luna. Cuando otros periódicos denunciaron el
engaño, los lectores del Sun no se enfadaron por el fraude, por el
contrario, consideraron que se trataba de una historia divertida. En este caso,
podemos ver que el contrato pragmático fiduciario no es lo más importante.
Otro caso es, por ejemplo, el del 28 de diciembre, día de los
Santos Inocentes (al menos en España). Ese día está permitido gastar bromas a la
gente, y los medios de comunicación pueden dar una noticia falsa. Pero esto no
cuestiona la credibilidad de los medios de comunicación, porque la audiencia
conoce por anticipado esta suspensión parcial del contrato fiduciario y la
propuesta de un pequeño contrato lúdico. El juego propuesto consiste en ser
capaz de adivinar cuál es la noticia falsa.
CRISIS DEL CONTRATO PRAGMÁTICO FIDUCIARIO
Sin embargo, este contrato pragmático fiduciario está en
crisis. Desde la Guerra del Golfo de 1991 los medios de comunicación han ido
mostrando, repetidamente, que se han convertido en instrumentos de manipulación
y de ocultación al servicio del poder. Para Ramonet (1998: 191) los medios han
entrado en una era de sospecha: "Escepticismo. Desconfianza. Incredulidad. Tales
son los sentimientos dominantes entre los ciudadanos respecto a los
media, y muy particularmente a la televisión. Confusamente, se percibe
que algo no marcha en el funcionamiento general de la información. Sobre todo
desde 1991, cuando las mentiras y las mistificaciones de la guerra del Golfo -
‘Irak, cuarto ejército del mundo’, ‘la marea negra del siglo’, ‘una línea
defensiva inexpugnable", ‘los ataques quirúrgicos’, ‘la eficacia de los
Patriot’, ‘el búnker de Bagdad’, etc.- chocaron profundamente a los
telespectadores..."
Después del 11 de septiembre de 2001, esta tendencia parece ir
en aumento. Así, Estados Unidos ha establecido una estrategia, todavía más
clara, de facilitar a los medios de comunicación noticias tendenciosas. El
Pentágono ha creado la Oficina de Influencia Estratégica, que tiene como
objetivo, entre otros, conseguir que se publiquen noticias favorables a los
intereses de Estados Unidos por medio de informaciones internacionales. "Esas
noticias podrán ser verdaderas o falsas, y afectar a países amigos o enemigos.
Sólo importa que contribuyan a crear un ambiente propicio para las operaciones
bélicas estadounidenses". (El País, 20/2/2002:6)
La utilización de los medios de comunicación con fines
políticos es una constante desde los años 20. Chomsky (1995:8) nos recuerda que
en 1916 se produjo la primera operación de propaganda política para convencer a
los EE.UU. de entrar en la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra del
Vietnam los EE.UU. son conscientes que en toda acción bélica no sólo es
necesario convencer a la opinión pública nacional e internacional de la
necesidad de la nación, también es necesario controlar las informaciones y,
sobre todo, las imágenes del conflicto. Sin embargo, este control, cuando no es
una simple manipulación engañosa, lleva aparejado un aumento de la desconfianza
hacia los medios. La última guerra de Irak se fundamentó en la existencia de
armas de destrucción masiva y en las conexiones del régimen dictatorial iraquí
con el terrorismo internacional. En la actualidad hay serias dudas sobre estas
circunstancias, que muchos medios dieron por ciertas. Todo ello, aunque sea a
partir de una manipulación política, afecta, en mi opinión, a la credibilidad de
los medios de comunicación.
POR UN
LECTOR ESCÉPTICO
En mi opinión la mejor forma de superar la crisis del contrato
pragmático fiduciario no consiste en reforzar la credibilidad ciega en los
medios de comunicación, sino en fomentar la existencia de lectores escépticos.
Etimológicamente escepticismo significa "mirar o examinar cuidadosamente", así,
el lector escéptico es aquél que mira o examina atentamente los discursos de los
medios de comunicación.
Los medios de comunicación suelen presentarse como simples
transmisores de la realidad social y al mismo tiempo se muestran ubicuos y
omniscientes. Sin embargo, los medios de comunicación son productores de
información que interpretan los fenómenos sociales; describiendo la realidad
social, la interpretan. Esta construcción de la realidad (Rodrigo 1999) se hace
a través de estrategias discursivas que son invisibles a los ojos del lector
ingenuo. Como ya he señalado, el periodista busca construir un discurso
informativo veridictorio. A veces utiliza estereotipos para sintonizar con sus
lectores, pero también desarrolla otra serie de estrategias. Por ejemplo: cita
las fuentes utilizadas y, así, convierte la información en algo verificable; usa
las comillas para poner en boca de los protagonistas sus declaraciones y
justificar, de esta manera, la objetividad de su trabajo; estructura la noticia
de forma adecuada recogiendo en primer lugar los datos esenciales del
acontecimiento; a veces aporta multitud de pruebas anecdóticas suplementarias
para dar la impresión de que se conocen hasta los detalles más nimios de lo
sucedido. En definitiva, se trata de crear un efecto de verosimilitud
proponiendo un discurso veridictorio que, sin embargo, no es garantía de
veracidad.
Los periodistas interpretan la realidad a partir de unas
limitaciones personales y profesionales. Las limitaciones personales están
determinadas por sus conocimientos y por su ideología. Las limitaciones
profesionales hacen referencia al medio de comunicación para el que trabajan y a
la proyección social de su actividad. Los intereses financieros, políticos y
publicitarios ejercen un insoslayable control sobre la producción
informativa.
El lector escéptico es aquél que sabe interpretar las noticias,
es consciente del efecto que pretenden crear y cómo lo hacen. Veamos algunos
elementos que dicho lector debe tener en cuenta. En primer lugar, en la
selección y jerarquización del contenido de un medio de comunicación se puede
apreciar la orientación general del mismo. Los medios de comunicación
seleccionan unos acontecimientos y no otros, así hacen visibles determinadas
parcelas de la realidad social. Pero, además, establecen un orden social en los
acontecimientos; determinan la importancia de los mismos haciéndolos aparecer,
por ejemplo, en la portada. En segundo lugar, hay que percatarse de la relación
co-textual de las informaciones. No es lo mismo que una noticia aparezca en una
sección del periódico o en otra. Por ejemplo, si la mayoría de la información
sobre minorías étnicas aparece en las páginas de sucesos, aunque sea como
víctimas de actos racistas, se va creando la imagen de las minorías étnicas como
problema (Rodrigo y Martínez, 1997). En tercer lugar, hay que tener en cuenta
las fuentes citadas que se utilizan para interpretar los acontecimientos. Los
periodistas buscan fuentes que deben ser fácilmente accesibles y proporcionar
información útil. Esto hace que determinadas fuentes sean mucho más consultadas
que otras. Todo esto lleva a una institucionalización de determinadas fuentes
que son actores sociales que tienen una especie de derecho de acceso
semiautomático a los medios de comunicación, mientras que a otros actores
sociales les resulta mucho más difícil que su punto de vista aparezca en los
medios.
En cuarto lugar, toda información es una narración que el
lector no tiene por qué aceptar sumisamente. El periodista construye la noticia
a partir de un modelo interpretativo de la realidad, y además se hacen
predicciones sobre las consecuencias del acontecimiento, se analizan causas, se
sacan consecuencias, etc. Así, por ejemplo, los medios de comunicación hablan de
"países desarrollados" y de "países subdesarrollados" o "en vías de desarrollo",
pero nunca se habla de "países subdesarrollantes". De esta forma se crea el
sentido de una realidad inevitable, sin conexiones entre los dos primeros tipos
de países mencionados. Si se omite la existencia de países subdesarrollantes se
oculta la explotación de unos países por otros. Recordemos que toda forma de ver
es una forma de ocultar. Los medios de comunicación tienen puntos ciegos. Hay
aspectos de la realidad que no tienen visibilidad para ellos. El lector ingenuo
no se da cuenta que, en primer lugar, ver no es comprender y, en segundo lugar,
no ve que no ve. Hay que tomar conciencia que es necesario saber interpretar la
interpretación mediática de la realidad y que la realidad desborda la
representación ofrecida por los medios de comunicación. En la realidad mediática
siempre hay una cara oculta de la luna.
El lector escéptico es aquél que utiliza los medios de
comunicación con una mentalidad distinta. Se trata de un lector que sabe porqué
los medios dicen lo que dicen y comprende, además, que sus afirmaciones no son
verdades absolutas. No creo que el escepticismo sea contrario a la confianza,
sino que simplemente se opone a la confianza ciega, acrítica y claudicante.
La mejor forma de conseguir lectores escépticos es enseñar,
desde la escuela, a leer los medios de comunicación (Rodrigo, 2002). Un lector
escéptico es, en mi opinión, la mejor garantía de futuro para una democracia más
sólida y una mirada más libre.