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Revista INTERACCIÓN No. 36 a 40 - Sección COMUNICACION Y CULTURA

Revista Interacción Números 36 a 40: Edición especial 10 Años

A LA BÚSQUEDA DE UN NUEVO LECTOR

Por: Miquel Rodrigo Alsina*


¿Cuál es la primera función de la información mediática? Se podría decir que consiste en "hacer saber". Si no se cree que la información mediática sea real, no puede "hacernos saber". Así, nos encontraríamos por lo tanto ante un saber discutido. El discurso pierde su virtualidad, su capacidad de "hacer saber". Por lo tanto, con este objetivo, los medios de comunicación nos proponen un contrato pragmático fiduciario que pretende hacernos creer que lo que dicen los medios de comunicación es verdad, al mismo tiempo que nos proponen confiar en el discurso informativo de dichos medios. Si no me creo las noticias, entonces ¿para qué sirven?

El contrato pragmático fiduciario de los medios de comunicación es un producto histórico de la institucionalización y de la legitimación del papel del periodista (Rodrigo, 1999). A partir del siglo XX, el periodismo se ha convertido en una verdadera profesión con su estatus y sus escuelas de formación. En nuestras sociedades, el trabajo de los periodistas se ha convertido en la profesión de aquéllos que nos cuentan lo que ocurre en el mundo. Esto no significa que dicho contrato pragmático fiduciario se establezca de una forma incontestable. En España, durante la dictadura del general Franco, un sector de la población no aceptaba ese contrato pragmático fiduciario, se sabía de la existencia de una censura que hacía que la credibilidad de los medios de comunicación fuera muy baja. En las democracias, a pesar de la institucionalización del papel del periodista, los medios de comunicación deben luchar día a día para tener credibilidad y para renovar ese contrato. La información mediática necesita contar con la confianza de sus lectores, en el sentido de que el discurso informativo debe poder ser creído (Rodrigo 2003).

Para que se acepte ese contrato, el discurso informativo se construye de tal forma que se presenta como un discurso veridictorio. La estrategia consiste en construir un discurso que pueda ser creído. Por esta razón, se hace aparecer en el discurso informativo las fuentes de autoridad, el periodista utiliza comillas para recoger declaraciones literales, etc. Todo ello refuerza un discurso construido para decir la verdad. Pero, aún así, existe una paradoja, es curioso que los lectores estén dispuestos a creer lo que se escribe en los periódicos, pero consideren, a menudo, que los periodistas son unos mentirosos.

De todas formas, en los medios de comunicación hay un esfuerzo por reforzar el contrato pragmático fiduciario. Por ejemplo, se ha creado el puesto de defensor del lector (el ombudsman), que es en cierto modo una salvaguarda para garantizar el carácter verídico del discurso informativo o al menos para hacer las rectificaciones pertinentes.

Es cierto que cualquier lector puede dudar de una información concreta porque dispone de otras informaciones diferentes o porque hace una interpretación diferente de los hechos. Se debe recordar que un contrato es una propuesta de pacto en el que las cosas son de una forma y no de otra. Se trata de una negociación del sentido y del efecto de sentido. Pero, como afirma Luhmann (1996: 89), se puede desconfiar de los periódicos, pero las noticias son de todas formas las noticias.

También es cierto que el discurso de los medios de comunicación no es solamente informativo, no pretende únicamente hacer saber, sino que también pretende hacer sentir. Los periódicos sensacionalistas apuntan más a las emociones que al saber de sus lectores. De hecho, proponen una especie de contrato pragmático lúdico. En el siglo XIX, el periódico sensacionalista americano Sun inventó informaciones sobre pruebas científicas en relación con la existencia de vida en la Luna. Cuando otros periódicos denunciaron el engaño, los lectores del Sun no se enfadaron por el fraude, por el contrario, consideraron que se trataba de una historia divertida. En este caso, podemos ver que el contrato pragmático fiduciario no es lo más importante.

Otro caso es, por ejemplo, el del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes (al menos en España). Ese día está permitido gastar bromas a la gente, y los medios de comunicación pueden dar una noticia falsa. Pero esto no cuestiona la credibilidad de los medios de comunicación, porque la audiencia conoce por anticipado esta suspensión parcial del contrato fiduciario y la propuesta de un pequeño contrato lúdico. El juego propuesto consiste en ser capaz de adivinar cuál es la noticia falsa.

CRISIS DEL CONTRATO PRAGMÁTICO FIDUCIARIO

Sin embargo, este contrato pragmático fiduciario está en crisis. Desde la Guerra del Golfo de 1991 los medios de comunicación han ido mostrando, repetidamente, que se han convertido en instrumentos de manipulación y de ocultación al servicio del poder. Para Ramonet (1998: 191) los medios han entrado en una era de sospecha: "Escepticismo. Desconfianza. Incredulidad. Tales son los sentimientos dominantes entre los ciudadanos respecto a los media, y muy particularmente a la televisión. Confusamente, se percibe que algo no marcha en el funcionamiento general de la información. Sobre todo desde 1991, cuando las mentiras y las mistificaciones de la guerra del Golfo - ‘Irak, cuarto ejército del mundo’, ‘la marea negra del siglo’, ‘una línea defensiva inexpugnable", ‘los ataques quirúrgicos’, ‘la eficacia de los Patriot’, ‘el búnker de Bagdad’, etc.- chocaron profundamente a los telespectadores..."

Después del 11 de septiembre de 2001, esta tendencia parece ir en aumento. Así, Estados Unidos ha establecido una estrategia, todavía más clara, de facilitar a los medios de comunicación noticias tendenciosas. El Pentágono ha creado la Oficina de Influencia Estratégica, que tiene como objetivo, entre otros, conseguir que se publiquen noticias favorables a los intereses de Estados Unidos por medio de informaciones internacionales. "Esas noticias podrán ser verdaderas o falsas, y afectar a países amigos o enemigos. Sólo importa que contribuyan a crear un ambiente propicio para las operaciones bélicas estadounidenses". (El País, 20/2/2002:6)

La utilización de los medios de comunicación con fines políticos es una constante desde los años 20. Chomsky (1995:8) nos recuerda que en 1916 se produjo la primera operación de propaganda política para convencer a los EE.UU. de entrar en la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra del Vietnam los EE.UU. son conscientes que en toda acción bélica no sólo es necesario convencer a la opinión pública nacional e internacional de la necesidad de la nación, también es necesario controlar las informaciones y, sobre todo, las imágenes del conflicto. Sin embargo, este control, cuando no es una simple manipulación engañosa, lleva aparejado un aumento de la desconfianza hacia los medios. La última guerra de Irak se fundamentó en la existencia de armas de destrucción masiva y en las conexiones del régimen dictatorial iraquí con el terrorismo internacional. En la actualidad hay serias dudas sobre estas circunstancias, que muchos medios dieron por ciertas. Todo ello, aunque sea a partir de una manipulación política, afecta, en mi opinión, a la credibilidad de los medios de comunicación.

POR UN LECTOR ESCÉPTICO

En mi opinión la mejor forma de superar la crisis del contrato pragmático fiduciario no consiste en reforzar la credibilidad ciega en los medios de comunicación, sino en fomentar la existencia de lectores escépticos. Etimológicamente escepticismo significa "mirar o examinar cuidadosamente", así, el lector escéptico es aquél que mira o examina atentamente los discursos de los medios de comunicación.

Los medios de comunicación suelen presentarse como simples transmisores de la realidad social y al mismo tiempo se muestran ubicuos y omniscientes. Sin embargo, los medios de comunicación son productores de información que interpretan los fenómenos sociales; describiendo la realidad social, la interpretan. Esta construcción de la realidad (Rodrigo 1999) se hace a través de estrategias discursivas que son invisibles a los ojos del lector ingenuo. Como ya he señalado, el periodista busca construir un discurso informativo veridictorio. A veces utiliza estereotipos para sintonizar con sus lectores, pero también desarrolla otra serie de estrategias. Por ejemplo: cita las fuentes utilizadas y, así, convierte la información en algo verificable; usa las comillas para poner en boca de los protagonistas sus declaraciones y justificar, de esta manera, la objetividad de su trabajo; estructura la noticia de forma adecuada recogiendo en primer lugar los datos esenciales del acontecimiento; a veces aporta multitud de pruebas anecdóticas suplementarias para dar la impresión de que se conocen hasta los detalles más nimios de lo sucedido. En definitiva, se trata de crear un efecto de verosimilitud proponiendo un discurso veridictorio que, sin embargo, no es garantía de veracidad.

Los periodistas interpretan la realidad a partir de unas limitaciones personales y profesionales. Las limitaciones personales están determinadas por sus conocimientos y por su ideología. Las limitaciones profesionales hacen referencia al medio de comunicación para el que trabajan y a la proyección social de su actividad. Los intereses financieros, políticos y publicitarios ejercen un insoslayable control sobre la producción informativa.

El lector escéptico es aquél que sabe interpretar las noticias, es consciente del efecto que pretenden crear y cómo lo hacen. Veamos algunos elementos que dicho lector debe tener en cuenta. En primer lugar, en la selección y jerarquización del contenido de un medio de comunicación se puede apreciar la orientación general del mismo. Los medios de comunicación seleccionan unos acontecimientos y no otros, así hacen visibles determinadas parcelas de la realidad social. Pero, además, establecen un orden social en los acontecimientos; determinan la importancia de los mismos haciéndolos aparecer, por ejemplo, en la portada. En segundo lugar, hay que percatarse de la relación co-textual de las informaciones. No es lo mismo que una noticia aparezca en una sección del periódico o en otra. Por ejemplo, si la mayoría de la información sobre minorías étnicas aparece en las páginas de sucesos, aunque sea como víctimas de actos racistas, se va creando la imagen de las minorías étnicas como problema (Rodrigo y Martínez, 1997). En tercer lugar, hay que tener en cuenta las fuentes citadas que se utilizan para interpretar los acontecimientos. Los periodistas buscan fuentes que deben ser fácilmente accesibles y proporcionar información útil. Esto hace que determinadas fuentes sean mucho más consultadas que otras. Todo esto lleva a una institucionalización de determinadas fuentes que son actores sociales que tienen una especie de derecho de acceso semiautomático a los medios de comunicación, mientras que a otros actores sociales les resulta mucho más difícil que su punto de vista aparezca en los medios.

En cuarto lugar, toda información es una narración que el lector no tiene por qué aceptar sumisamente. El periodista construye la noticia a partir de un modelo interpretativo de la realidad, y además se hacen predicciones sobre las consecuencias del acontecimiento, se analizan causas, se sacan consecuencias, etc. Así, por ejemplo, los medios de comunicación hablan de "países desarrollados" y de "países subdesarrollados" o "en vías de desarrollo", pero nunca se habla de "países subdesarrollantes". De esta forma se crea el sentido de una realidad inevitable, sin conexiones entre los dos primeros tipos de países mencionados. Si se omite la existencia de países subdesarrollantes se oculta la explotación de unos países por otros. Recordemos que toda forma de ver es una forma de ocultar. Los medios de comunicación tienen puntos ciegos. Hay aspectos de la realidad que no tienen visibilidad para ellos. El lector ingenuo no se da cuenta que, en primer lugar, ver no es comprender y, en segundo lugar, no ve que no ve. Hay que tomar conciencia que es necesario saber interpretar la interpretación mediática de la realidad y que la realidad desborda la representación ofrecida por los medios de comunicación. En la realidad mediática siempre hay una cara oculta de la luna.

El lector escéptico es aquél que utiliza los medios de comunicación con una mentalidad distinta. Se trata de un lector que sabe porqué los medios dicen lo que dicen y comprende, además, que sus afirmaciones no son verdades absolutas. No creo que el escepticismo sea contrario a la confianza, sino que simplemente se opone a la confianza ciega, acrítica y claudicante.

La mejor forma de conseguir lectores escépticos es enseñar, desde la escuela, a leer los medios de comunicación (Rodrigo, 2002). Un lector escéptico es, en mi opinión, la mejor garantía de futuro para una democracia más sólida y una mirada más libre.

Referencias bibliográficas

LUHMANN, Niklas (1996) Confianza. Barcelona: Anthropos.

RAMONET, Ignacio (1998) la tiranía de la comunicación. Madrid: Debate.

RODRIGO ALSINA, Miquel (1999) La construcción de la noticia. Barcelona: Paidós.

RODRIGO ALSINA, Miquel (2002) "Por un uso crítico de la prensa". En: Lomas, C. (comp.) El aprendizaje de la comunicación en las aulas. Barcelona: Paidós, pp. 239-248.

RODRIGO ALSINA, Miquel (2003) "Confianza en la información mediática", en Revista CIDOB d’Afers Internacionals nº 61-62 , mayo/junio, pp.145-153. http://www.cidob.org/Castellano/Publicaciones/Afers/61-62rodrigo.html

[en internet desde 2003]

RODRIGO ALSINA, Miquel y MARTÍNEZ NICOLAS, Manuel (1997) "Minories ètniques i premsa europea d’elit". Anàlisi nº 20, pp.13-36.

 

* Es catedrático de Teorías de la Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona. Ha sido investigador en el Research Center for Language and Semiotic Studies (Universidad de Indiana), en el Center for the Study of Communication and Culture (Universidad de Saint Louis) y en el Centre d’Études sur l’Actuel et le Quotidien (Université René Descartes, Paris V).



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