La celebración del cincuentenario de la televisión en Colombia propicia la reflexión, análisis y crítica propositiva de medio siglo de Cultura de Masas y cultura Mediática: su función educativa, e informativa, la cultura representada a través de los géneros, especialmente la telenovela, las series de acción, los comerciales publicitarios. y lo que pasa con los perceptores y mediadores.
Cultura mediática
El término de Cultura mediática hace referencia a la transición del concepto de cultura de masas a cultura mediática, es decir a la movilización del sujeto de la comunicación de un estadio completo de abstracción a uno de rehabilitación del mismo, a través de la recepción crítica, la producción de sentido, desde el consumo de los productos comunicativos y la potencialización de su rol, tal como lo había vislumbrado Jean Cloutier en los años sesenta: la posibilidad del receptor de ser al tiempo emisor en el intercambio comunicativo.
La participación y comprensión, en el intercambio comunicativo, implica reconocer a los sujetos de la comunicación no como objetos cerrados en la dupla emisor-receptor, sino como sujetos capaces de lenguaje y de acción. La dinámica mediadora se manifiesta en el lenguaje, repertorio de esquemas simbólicos construidos y organizados históricamente para una sociedad o grupo, en virtud de lo cual los individuos se comunican entre sí y dotan de sentido sus comportamientos y sus relaciones. Desde esa perspectiva, la comunicación resulta inseparable de la cultura, penetrando todos los aspectos diferenciados de la sociedad incluidas la tecnología y la educación.
En este proceso de transición de la cultura de masas a la cultura mediática juegan un papel fundamental las Tecnologías de Información y Comunicación, que desde su génesis telefónica, revelan su vocación interactiva: “es un imperativo la respuesta”, sólo con la respuesta se inicia el proceso interactivo; lo cual exige más que receptores, usuarios de los medios. El usuario es el sujeto que se mueve a actuar en las redes de la comunicación. Pero actuar exige cierta competencia tecnológica que le permita reconocer los códigos básicos del medio, puestos de manifiesto en su naturaleza técnica y expresiva.
Se pretende establecer, ese “talento para la intersubjetividad” que caracteriza al ser humano; y esa tarea precisa el reconocimiento de los contextos en los cuales se produce la comunicación mediada en la sociedad contemporánea. Se trata de identificar y comprender la especificidad simbólica y cultural de los medios, de las Tecnologías de Información y Comunicación, sus procesos de producción, de puesta en común de sentido y de cómo éstos operan socialmente.
Aunque en los últimos años ha empezado a tomar mayor fuerza la noción de cultura mediática para designar la red de relaciones que se construyen a través de los medios de comunicación y de las Tecnologías de Información y Comunicación, es inevitable remitirse al concepto de cultura de masas y con éste al de “mass media” o medios masivos de comunicación para ampliar este concepto y comprender de qué manera dos lógicas de la cultura de masas y de la cultura mediática, a menudo contradictorias, pueden coexistir, sin excluirse mutuamente, sino más bien operando ambas en la sociedad de forma sincrónica en algunos aspectos y asincrónica en otros. De esa coexistencia se derivan los diferentes enfoques para el análisis y críticas propositivas de la cultura televisiva en el cincuentenario de la Televisión en Colombia.
Función educativa e informativa
Los mass media constituyen el nuevo universo simbólico en el que pensamos, actuamos, sentimos, etc. De modo que todo pasa por ellos: valores, estilos de vida, información, acción política y educativa. Ellos son también los que establecen las prioridades, las perspectivas y los enfoques de la información. En definitiva los mass media son los definidores de realidad, cuando no creadores de la misma, pues la realidad mediada se identifica con la realidad ‘natural’. Por otra parte, parecen ser capaces de dar respuesta a una gran diversidad de necesidades básicas, desde las cognitivas a las de entretenimiento, pasando por las afectivas y las de integración personal o social.
Se ha llegado a plantear la era de la escuela en casa como alternativa educativa. Unos son partidarios de buscar en las innovaciones tecnológicas aquellos aspectos pedagógicos que se puedan aprovechar. Es evidente que en el tiempo extraescolar, la televisión ocupa una parte muy importante del tiempo de los estudiantes. Los/as niños/as pasan mucho tiempo delante del televisor o jugando con las "maquinitas". Se propone que la escuela tenga una presencia significativa en esa franja horaria, utilizando los mismos medios que tan atractivos resultan, con objetivos claramente educativos. Se trata de elaborar materiales audiovisuales de tipo didáctico, con el fin de que el/la niño/a al mismo tiempo que aprende, se divierta.
Por otro lado, surgen serios interrogantes sobre las potencialidades de estos nuevos métodos. ¿Toda actividad mediada por el ordenador presupone el desarrollo de las capacidades que la enseñanza tiene como objetivo? ¿Mejora realmente la motivación, el rendimiento y las capacidades cognitivas del alumno? ¿Usando la metodología televisiva, consigues realmente educar? ¿Por qué el aprendizaje debe ser siempre práctico y agradable? El planteamiento anterior puede ser muy razonable, pero también puede minimizar de modo indebido la dimensión de esfuerzo que conlleva todo aprendizaje. Es preciso recordar que no es posible ningún proceso educativo sin algo de disciplina y mucho esfuerzo.
Sociedad en red
Con la implantación cada vez más fuerte de los medios de comunicación y de nuevas tecnologías en la vida cotidiana, surge una nueva forma de organización social cosmopolita que gira sobre nuestras casas. La cultura hogareña se internacionaliza. El principio de territorialidad y vecindad se ve enormemente ampliado por las nuevas tecnologías de la comunicación a distancia. En la ciudad global emergente, Telépolis, las casas serán más abiertas e interconectadas y las sociedades cada vez más plurales.
Por ello, nuestro comportamiento hogareño y las relaciones familiares se están transformando. También se está transformando el dinero, la producción, la ciencia, la memoria, el concepto de territorialidad, de identidad personal y social. Caminamos hacia un nuevo ámbito social. El surgimiento del nuevo sistema de comunicación electrónico, caracterizado por su alcance global, su integración de todos los medios de comunicación y su interactividad potencial, está cambiando nuestra cultura y lo hará para siempre. Está surgiendo una nueva cultura: la cultura de la virtualidad real. Unos cuantos años después de su desarrollo, la televisión se convirtió en el epicentro cultural de nuestras sociedades; y esta modalidad de comunicación es, sobre todo, un nuevo medio, caracterizado por su capacidad de seducción, la simulación sensorial de la realidad y su fácil comunicabilidad a lo largo de las líneas del menor esfuerzo psicológico.
En una sociedad organizada en torno a los medios de comunicación de masas, la existencia de mensajes que están fuera de ellos se restringe a las redes interpersonales, con lo que desaparecen de la mente colectiva. Sin embargo, el precio que se paga porque un mensaje salga en televisión no es dinero o poder solamente. Es aceptar mezclarse en un texto multisemántico, cuya sintaxis es tremendamente laxa. Esta normalización de los mensajes, donde las imágenes atroces de la guerra real pueden ser casi absorbidas como parte de las películas de acción, sí tiene un impacto fundamental: la nivelación de todo contenido dentro del marco de imágenes de cada persona.
La diversificación de los mensajes y las expresiones de los medios no implica que las principales empresas y gobiernos pierdan el control sobre la televisión. De hecho, es la tendencia opuesta la que se ha venido observando durante la pasada década. El resultado de esta competencia y concentración empresarial es que mientras que la audiencia se ha segmentado y diversificado, la televisión se ha comercializado más que nunca y cada vez se ha vuelto más oligopólica en el ámbito mundial. No estamos viviendo en una aldea global, sino en chalecitos individuales, producidos a escala global y distribuidos localmente.
A diferencia de los medios de comunicación de masas de la galaxia de McLuhan, la comunicación a través del ordenador está revolucionando sin duda el proceso de comunicación y por su mediación la cultura en general; pero es una revolución que se está desarrollando en oleadas concéntricas, iniciadas en los niveles más elevados de educación y riqueza, y probablemente incapaz de alcanzar a grandes segmentos de las masas incultas y países pobres.
Quizás el rasgo más importante del multimedia sea que captura dentro de sus dominios la mayor parte de las expresiones culturales en toda su diversidad. Su advenimiento equivale a poner fin a la separación, e incluso a la distinción, entre medios audiovisuales e impresos, cultura popular y erudita, entretenimiento e información, educación y persuasión. Toda expresión cultural, de la peor a la mejor, de la más elitista a la más popular, se reúne en un universo digital. Al hacerlo, construye un nuevo entorno simbólico. Hace de la virtualidad nuestra realidad.
Si el espacio y el tiempo son las dimensiones fundamentales de la vida humana, Castells propone la hipótesis de que el espacio organiza el tiempo en la sociedad red. La ciudad global no es un lugar, sino un proceso. Un proceso mediante el cual los centros de producción y consumo de servicios avanzados y sus sociedades locales auxiliares se conectan en una red global en virtud de los flujos de información, mientras a la vez restan importancia a las conexiones con sus entornos territoriales.
Desde la perspectiva de la teoría social, el espacio es el soporte material de las prácticas sociales que comparten el tiempo. Todo soporte material conlleva siempre un significado simbólico. Nuestra sociedad está construida en torno a flujos. Los flujos no son sólo un elemento de la organización social: son la expresión de los procesos que dominan nuestra vida económica, política y simbólica.
El espacio de los flujos se basa en la red electrónica, pero ésta conecta lugares específicos, con características sociales, culturales, físicas y funcionales bien definidas. Tanto los nodos como los ejes están organizados de forma jerárquica según su peso relativo en ella. Pero esa jerarquía puede cambiar dependiendo de la evolución de las actividades procesadas a través de la red
La cultura a través de los géneros televisivos:
Si se consideran las telenovelas y las series de acción como géneros culturalmente estructurados a través de un argumento, bien pueden ser analizados como el “reflejo” de las relaciones e interacciones sociales y modelos culturales existentes que buscan su reafirmación o crítica. Lo cierto es que en cada una de ellas se destaca una estructura cultural unívoca, coherente con los valores y las actitudes de la sociedad que se representa.
Lo cierto es que las películas, los periódicos, los programas de radio y televisión constituyen, más que una amalgama desordenada y caótica de materiales culturales, una estructura cultural organizada y específica en la cual los objetos culturales pueden ser más o menos interiorizados e influir en el comportamiento real de los individuos; en todo caso son metodológicamente distintos. De ahí que la cultura a través de los medios no puede entenderse sólo como un conjunto de objetos culturales indiferenciados, serializados y homogéneo, sino, como un conjunto de modelos de comportamientos operantes.
Uno de los estímulos más frecuentes y sutiles en el medio televisivo es la publicidad, y la respuesta favorable más esperada del comportamiento de los usuarios. La publicidad, modalidad a la que se le compara con el “canto de las sirenas”, cotidianamente vende una idea del mundo de la cual tienen a quedar excluidos todos los elementos negativos, peligrosos e inquietantes de la realidad. Bellos jóvenes, atléticos y felices pueblan ese universo de papel y de luz donde nadie sufre tragedias que no pueda resolver el producto adecuado; donde nadie envejece jamás, si usa la crema conveniente; nadie se engorda si toma la bebida que debe; nadie está sólo si compra los perfumes, cigarrillos o autos que se le recomiendan; donde nadie muere si consume bien.
Lo que pasa con los perceptores y mediadores.
La televisión es una permanente ventana abierta al mundo, a través de la cual proyectamos y vemos las actuales condiciones de vida, su ritmo acelerado, el avance de la tecnología de los medios de comunicación, así como el crecimiento desmesurado de las ciudades. Todos ellos son factores que están convirtiendo nuestra imagen en una cultura masificada, mientras que nuestros niños/as, jóvenes y adultos en general, reciben todo su impacto al abordar cualquier tema, especialmente aquellos que tienen que ver con las interacciones y el comportamiento humano: la violación de los derechos humanos, la violencia armada, los robos y secuestros, son expresiones de una cultura adulta contradictoria, en niveles bajos de conciencia social, en la ética de los intereses e inmadurez.
Cobra entonces vital importancia el incremento de los procesos pedagógicos de participación ciudadana y debate cultural, procesos que apunten a establecer una verdadera cultura y una comunicación para vivir la ciudadanía, valorar nuestra identidad, reconociendo y respetando la diversidad cultural que conforma nuestro país. La cultura comunicadora y ciudadana plantea procesos de mediación, creación, fortalecimiento y construcción de nuestra diversidad desde el respeto a la diferencia a nuestras tradiciones cambiantes y cotidianas, generando un acercamiento al encuentro de modos de sentir y pensar, de sensibilidades y realidades, de proyectos y prácticas de producción.
La cultura comunicativa y comunicadora implica una educación para la paz y la convivencia, pensar y construir el sentido de la vida misma a la luz de un paradigma que nos acerque cada vez más a una cultura integral, en el que puedan interactuar los géneros, las razas, lo subjetivo y lo objetivo, lo privado y lo público, el juego, el saber, el derecho y el deber, el ser y crecer hacia la producción social de sentido en los medios de comunicación.
Referencias:
Castells Manuel. La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol 1: La sociedad red Madrid: Alianza (1996)
Echevarría J.: Cosmopolitas domésticos, Barcelona: Anagrama (1995),
Giraldo Ramírez, María Elena, De la Cultura de Masas a la Cultura Mediática, EAV, Universidad Bolivariana, Medellín (2003),
Liévano Luis, A más medios ¿mejor comunicación?, Revista Número, 35, (2002)
Ospina William, El canto de las Sirenas, Revista Número, 41, ( 2004)
Sánchez Noriega, Crítica de la seducción mediática Madrid: Tecnos (1997)